18 junio 2013

SIQUEIROS III

Quisiera en esta última entrega sobre las andanzas de David Alfaro Siqueiros en España que nos fijásemos en un dato. Siqueros falleció en 1974, poco antes de finalizar el Régimen de Franco. Si hubiese fallecido tan sólo 10 años más tarde, en 1984, probablemente hubiese tenido derecho a percibir una pensión del Estado español por los servicios prestados en el Ejército Popular de la República. Esto hubiese sido otra traición a los españoles, pues Siqueiros nunca sirvió a la República Española. Utilizó los empleos militares que se le otorgaron para asegurar la primacía política del PCE frente a sus aliados políticos del Frente Popular y perseguir hasta el exterminio, como hemos visto, a españoles y extranjeros que no compartían la ortodoxia comunista que marcaba Stalin. Hubiese sido más justo que Siqueiros recibiese una pensión de las exiguas arcas de la Unión Soviética, para quien realmente trabajó.

Pero lo más indignante de la situación es la prepotencia, la pedantería y la falta de escrúpulos con la que se manejó Siqueiros en España. En la carnicería humana que fue la Guerra Civil Española, le asignaron el mando de unidades militares sin tener preparación alguna en guerra moderna. Sus únicos méritos fueron llevar el carnet del partido político de turno en la boca y tener el pasaporte mejicano. Con este bagaje, llevó a los soldados que de él dependían a los campos de batalla con un resultado desastroso. No ganó ninguna batalla y fue cesado fulminantemente sin publicidad alguna. Se ausentó constantemente de su puesto de mando por razones personales. Mientras tanto, fieles españoles republicanos, militares, guardias de carrera y milicianos voluntarios, vieron imposible progresar en el escalafón y las decisiones que tuvieron que tomar en ausencia de su jefe se vieron con desconfianza por unos responsables políticos ignorantes, estúpidos y fanatizados. Ellos fueron los últimos responsables.

Lo peligroso es que la ligereza, la desfachatez, la falta de vergüenza, la vileza y la corrupción con que se manejaron estos personajes es del mismo tipo que la que demuestra a diario la actual clase política española, da lo mismo del partido político que se trate. El retrato del político actual español es el de un personaje inculto y tonto, que encuentra de pronto, dentro de la burocracia del partido, la oportunidad de ascender y disfrutar del poder y de la Hacienda Pública en beneficio propio. Es disciplinado más por negligencia que por convicciones; un instinto de supervivencia abole en él la capacidad de pensar si hay en ello algún riesgo, y sabe obedecer y servir a su jefe con docilidad perruna cuando hace falta, poniéndose una venda moral que le permite ignorar las consecuencias de los actos que perpetra cada día. Los individuos de esta catadura piensan que, por haber sabido progresar en el partido a base de “puñaladas traperas” a sus compañeros y conspiraciones de salón, les hace merecedores de toda clase de prebendas y se manejan con un complejo de superioridad insultante para el ciudadano de a pie. No debemos permitírselo. Los españoles llevamos muchos muertos, mucho dolor y mucho sufrimiento a nuestras espaldas como para que estos mequetrefes inanes lo utilicen en su beneficio personal. La clase política está al servicio de la ciudadanía democrática, no al revés. Que no se vayan impunes. Luchemos de una vez por la Justicia, la Democracia y la Libertad. Exijámosles responsabilidades penales por su desastrosa gestión. Que no pase como con Siqueiros.

El Coronelazo vuelve a Extremadura

En diciembre de 1937, una vez terminadas sus misiones de inteligencia en el exterior, Siqueiros volvió por fin a retomar el mando de la 46 Brigada Mixta, que formaba parte de la reserva del Ejército de Extremadura. Enlazando con el primer artículo, fue aquí, en el frente de Extremadura, donde se empezó a gestar el intento de asesinato de León Trotski. El propio Siqueiros lo confiesa en sus memorias:

Dije ya en otras ocasiones que para ir a Pozoblanco, ciudad extremeña donde se encontraba el puesto de mando del VIII Ejército, al cual pertenecían las unidades a mi mando, en forma permanente la 46 Brigada Mixta, era necesario pasar por Valsequillo, y al hacer uno de los relatos anteriores indiqué que en dicha población se encontraba la 91 Brigada Mixta al mando del compatriota Juan B. Gómez. Tal circunstancia me daba la oportunidad, a veces solo, a veces acompañado de otro o de otros jefes y oficiales mexicanos, de discutir problemas de México. En una de esas ocasiones, acompañado en este caso por Ruperto García Arana y encontrándose circunstancialmente en el lugar otro mexicano, el comandante Antonio Gómez, sobrino de Juan B. Gómez, apareció una vez más el problema de la aceptación de Trotski en México, por acuerdo del general Cárdenas y la permanencia de aquél en nuestro país. Todos hicimos referencias amplias a las circunstancias, casi siempre jocosas, en las que nos hablamos visto comprometidos por las interrogaciones capciosamente condenatorias que se nos hacían en todas partes, y a todos los mexicanos, por el hecho de que en México pudiera funcionar libremente lo que nosotros llamábamos el cuartel general contrarrevolucionario de León Trotski.

Pero en esta ocasión, un acontecimiento reciente iba a darle mayor dramaticidad a nuestro cambio de impresiones. El POUM -Partido Obrero de Unificación Marxista-, organización de base trotskista, había producido una sublevación en Barcelona con el tremendo saldo de más de cinco mil muertos. Tal circunstancia tenía nuestra indignación al rojo vivo. Lo que de manera informal habíamos tratado en otras ocasiones, iba a tomar cuerpo en forma más categórica. "Cueste lo que cueste -nos dijimos todos- el cuartel general de Trotski en México debe ser clausurado, aunque para ello tengamos que encontrar una fórmula violenta".

¿Pero cómo ampliar nuestro grupo, para mayor apoyo moral y eficacia posterior en nuestros propósitos? Los mexicanos en España, como los argentinos, como los brasileños, como los colombianos, los cubanos, etcétera, no fuimos incorporados, hablando en términos generales, a las Brigadas Internacionales, sino a las brigadas españolas, debido a que nuestro idioma era el castellano. Pero esta circunstancia hizo que los mexicanos nos encontráramos distribuidos en diferentes partes del país, sin contacto alguno entre nosotros mismos. Gabucio, el más grande artillero de la defensa de Madrid, según Kleber, además de estar perfectamente loco para todo lo que no fuera la Artillería, se encontraba totalmente desconectado de nosotros. Domenzaín, también. Pujol estaba en el frente de Madrid. Igual cosa acontecía con muchos otros. En consecuencia, el compromiso de resolver ese problema a nuestro regreso a México lo hicimos Juan B. Gómez. Ruperto García Arana, Antonio Gómez y yo, es decir, un coronel, un teniente coronel (yo) y dos comandantes o mayores. En su oportunidad discutiríamos los detalles, pero nuestro compromiso de honor había quedado tácitamente terminado. ¿Cuándo sería eso? Desde luego, no podría ser antes de que terminara la guerra, que nosotros esperábamos victoriosa para los republicanos, en España. Si el tiempo transcurría con exceso, había que buscar la manera de que uno de nosotros hiciera un rápido viaje a México para ver si aquello podía organizarse con residentes civiles con el país.

El escritor, periodista y militante del PCE José Herrera Petere, compartió una columna en el periódico “Frente Extremeño” con Miguel Hernández. Por él se sabe que organizador del V Regimiento Vittorio Vidali, alias Comandante Carlos, llegó a Castuera junto a Siqueiros en el verano de 1937. Allí se encontraron con otro mejicano al que ambos conocían. Este mestizo introvertido, de baja estatura, medio sordo y procedente de la Unión Soviética, donde había estado “estudiando”, fue otro de los integrantes del comando que atentó contra Trotski.

La 3ª compañía, de la 165 Brigada de la 49 División del XIV Cuerpo de Ejército Guerrillero, conocido en la zona como Batallón de Servicios Especiales, estaba formada por 112 extremeños corajudos, dirigidos por un capitán voluntario mejicano y un comisario político de Villanueva de la Serena. Se sabe que el capitán mejicano era el comandante Miguel Julio Justo, alias de guerra del dirigente comunista mejicano David Serrano Andonegui “el Chivo”. Desde los primeros meses de la guerra fue responsable de los servicios de operaciones especiales en el sector de Castuera junto al alcalde comunista del pueblo cacereño de Cadalso, Máximo Calvo. José Herrera Petere escribió una novela llamada “Cumbres de Extremadura”, publicada en 1938, en la que los protagonistas son los guerrilleros de esta unidad, escondidos tras un pseudónimo. Además, parece acreditado que el personaje de “El Sordo” de la novela de Ernest Hemingway “Por quién doblan las campanas” estaba basado, precisamente, en “El Chivo”, al que el escritor americano conoció a través de Siqueiros.

El paso de estos estrafalarios militares mejicanos en el otoño de 1937 por el frente de Extremadura no pasó desapercibido ni para sus enemigos. Manuel Justiniano Martínez, además de funcionario municipal, abogado, escritor e historiador, fue cronista oficial de la Diputación Provincial de Sevilla. Durante la guerra combatió como alférez de complemento en el VI Batallón del Regimiento de Infantería de Granada nº6. Con motivo del 25 aniversario del final de la guerra, la revista “Ejército” le publicó un artículo titulado “Dos defensivas de nuestra Cruzada de Liberación (Recuerdos e impresiones de un alférez de complemento)”. En uno de los pasajes, referido a las acciones del mes de septiembre de 1937 de la 22 División, escribe:

Mandaba a los rojos, en su sector de Peñarroya un general mejicano, cuyo apellido hemos olvidado, pero a quien los soldados, tan certeros siempre para bautizar, denominaban “Chingaíto”, como llamaban onomatopéyicamente el “sancabao” al rapidísimo proyectil del carro medio que empleaban. Allí se creía que un coronel francés actuaba de jefe de Estado Mayor. Lo cierto fue que al general mejicano debieron señalarle un plazo menor de un mes para apoderarse de Peñarroya, y sus esfuerzos fueron inteligentes y tenaces, hasta que, al parecer, resultó herido y abandonó el frente.

El ataque republicano

En diciembre de 1937 las fuerzas republicanas lanzaron una fuerte ofensiva sobre Granja de Torrehermosa. La 46 Brigada Mixta fue movilizada para esa acción. Siqueiros lo cuenta así el fracasado ataque en sus memorias:

“En el asalto de las fuerzas de mi brigada, la 46 Brigada Motorizada, por razones tácticas, nuestras fuerzas se vieron obligadas a retirarse precipitadamente y en un momento dado esta retirada se convirtió en una desbandada de pánico. Ayudado por el teniente López Silveira pretendimos detener a los soldados que, despavoridos, huían de un fuego graneado de Artillería acompañado de sistemáticas ráfagas provenientes de la Aviación enemiga. Insospechadamente vi venir corriendo a Manolo Gómez, mi asistente, al cual detuve, como intenté hacerlo con todos, amenazándolos con mi propia pistola. A Manolo, naturalmente, no le quedó más remedio que detenerse y, cuando esto aconteció, le dije indignado: “¿Hasta tú vas corriendo, Manolo?”. A lo cual me contestó: “Mi teniente coroné, si usté hubiera estao en er sentro esatto donde estaban losautobuse, hasta usté mismo hubiera corrío...”. Después como la línea cerrada de los autobuses (obuses) estaba avanzando implacablemente hasta nosotros le dije: “Ahora sí, Manolo, a correr...”.

El fuego escalonado de la Artillería, Artillería de grueso calibre, es algo que obliga a soldados, oficiales y jefes, a morder trozos de madero para impedir que le estallen los oídos. Yo lo describiría en su aspecto destructivo material de la manera siguiente: semeja a un martillo-pilón en forma de cuchilla de varios kilómetros que avanza cubriendo matemáticamente cada milímetro, diríamos del terreno. No hay fuerza humana, no hay Infantería que pueda resistirlo y que, de hacerlo, no sea matemáticamente aniquilada. Sólo un fuego contraofensivo similar de la propia Artillería puede contenerlo, acallándolo. Por eso el propio Reglamento Militar, en cualquier país del mundo autoriza a los jefes militares a ordenar la retirada en estos casos. E inclusive establece dicho reglamento penas severísimas para los jefes militares que en tales ocasiones no ordenan la retirada. Otra cosa es que esa retirada se realice en la forma desordenada en que la hicieron las fuerzas de mi Brigada, después del repliegue de Granja de Torrehermosa.

Quince Brigadas del VIII Ejército deberían realizar una operación ofensiva contra dicha población. Algunas de esas Brigadas tenían en la orden de operación general, la operación de asaltar el reducto frontalmente. Tal era el caso de mi propia brigada y de la 82ª Brigada de Extremadura, también bajo mi propio mando. Las otras Brigadas, en su mayor parte, ejecutarían un movimiento envolvente. La 46 y la 82 cumplieron con exactitud su parte correspondiente en la orden general de operación. A la hora señalada, las 6,15 de la mañana, protegidos por un fuego barredor de Artillería, avanzamos frontalmente y conseguimos penetrar en muchas de las posiciones, “parapetos”, que defendían la ciudad, llegando inclusive hasta ocupar algunos de los puntos importantes de sus aledaños.

Sin embargo, las demás unidades, la mayor parte en todo caso, no realizaron el movimiento envolvente en forma simultánea y algunas de ellas fueron rechazadas en la iniciación de la operación. Por ello, todo el fuego defensivo del enemigo y sus particulares movimientos envolventes al sector que nosotros habíamos dominado, me obligaron a ordenar un repliegue parcial, esto es, exclusivamente hasta el último punto de partida, aquél al que habíamos llegado antes de las 6,15 de la mañana. El movimiento envolvente del enemigo nos cerró la ruta de la carretera, dejándonos como salida uno de los lados de la misma, pero éste lo formaba un extensísimo pantano. Al atravesar el indicado pantano tuvimos que meternos en el fango más arriba de la cintura. Y estando en estas condiciones, recibí por teléfono la orden del Jefe del VIII Cuerpo de Ejército, coronel Pérez Salas, la orden terminante, sin duda alguna dictada en estado de gran nerviosismo y molesta por el fracaso de la operación debido al retraso o inoperancia de las otras unidades, de que nos quedáramos exactamente en el lugar en que estábamos. “Señor -le dije-, toda la Brigada 46 y parte de la 82 están enteramente dentro del fango. Sólo una pequeña parte de la 82 se encuentra en un lugar medianamente alto del lomerío. Hemos tenido, aproximadamente, un quince por ciento de bajas y el fuego de Artillería está localizando ya el lugar donde estamos prácticamente enterrados.” “¡Permaneced donde habéis llegado!”

Durante varios minutos recibimos un terrible fuego concentrado. Un fuego cuya línea progresiva era dramáticamente visible, porque los estallidos de las granadas en el agua se encargaban de mostrarla (saltaban chorros del líquido). Una especie de línea cerrada de géiseres avanzaba implacablemente hacia nosotros. No solamente lo mortífero del fuego de la Artillería nos dañaba, sino que el agua putrefacta nos ahogaba en el baño a distancia. Cuando vino la Aviación, con su propia Artillería a coadyuvar al fuego general de la Artillería de tierra, pues hasta ese momento los aviones enemigos se habían limitado a señalarle a su Artillería de tierra nuestro blanco, entonces fue imposible resistir el fuego. Y fue cuando no me quedó más recurso que ordenar el rápido repliegue general hacia la parte ligeramente montañosa que quedaba detrás de nosotros. Ya en ese refugio transitorio pude darme cuenta de que nuestras bajas alcanzaban muy cerca del cincuenta y uno por ciento, que, según el Reglamento Militar obligan inevitablemente al relevo de unidades.

Varios caballos magníficos, de raza andaluza, provenientes de la Guardia Civil, que habían quedado en el campo enemigo cayeron en las manos de los soldados de mi 46ª Brigada. Ignorábamos naturalmente los nombres que originalmente habían tenido esas hermosas bestias. Había, por lo tanto, que ponerles nuevos nombres. El mío, el que a mí me tocó como jefe de la Brigada, el más austero de todos, y precisamente por su aparente extraordinaria austeridad, le puse yo mismo de nombre “El Señor”. Otros oficiales escogieron para ellos los que mejores le parecieron.

El mando de Siqueiros en la 46 Brigada Mixta, de origen anarquista, se caracterizó por la imposición de la disciplina militar a través del ejemplo y de los castigos. Según él mismo, le dieron el mando por el hecho de ser mejicano. En su opinión, los anarquistas amaban a Méjico y a su revolución y odiaban a la Unión Soviética. Como revolucionario mejicano que era, trató de conquistar su respeto y, también según él, poco a poco, los hizo soldados, quitándoles el individualismo, a su juicio, pariente de un heroísmo inútil.

Aparentemente, le tomó cariño a Manolo, su asistente personal, un paisano de Benquerencia de la Serena que trató de marcharse a Méjico con él. El pensamiento del teniente coronel Siqueiros con respecto a sus subordinados anarquistas queda reflejado en este comentario, en el que vuelve a justificar el atentado contra Trotski, su auténtica obsesión:

Los anarquistas españoles, en su tremenda confusión teórica, representando el único remanente de importancia que había subsistido en el mundo, después de la derrota teórica del prudonismo por el marxismo, en el campo obrero, estaban dispuestos a impedir la victoria de los comunistas, aunque fuera a costa de la victoria del nazi fascismo. Y esa consideración de sus jefes los llevó a cometer el crimen más grande que se ha cometido contra la Revolución, proveniente del mismo campo de los trabajadores. Y las órdenes de aquella artera maniobra habían provenido de un cuartel general que tenía el trotskismo en un barrio de la Ciudad de México que se llamaba Coyoacán, el cual estaba protegido por fuerzas de la policía mexicana. Las cartas, los telegramas que nos llegaban al respecto eran incontenibles. No hubo una ocasión en que hablando conmigo, las vísperas de una operación en el proceso de la operación misma, no se volviera a hacer y ahora con mayor intensidad la misma pregunta: ¿la ayuda del gobierno de México, es sincera? ¿No es que Cárdenas ha querido ocultar con su envío insignificante de armas la ayuda anticomunista incrustada, para fatalidad de España, en el cuerpo mismo del ejército republicano español en lucha contra el nazi/fascismo internacional?

Sin embargo, los fracasos militares de las unidades del VII y VIII Cuerpos de Ejército obligaron a Burillo a reestructurar completamente los mandos de las unidades de combate en el frente de Extremadura. David Alfaro Siqueiros, como coronel, se hizo cargo del mando de la 29 División del VII Cuerpo de Ejército del EPR, que integraba a las 46, 109 y 210 Brigadas Mixtas, en total más de 16.000 hombres.

La reactivación del frente de Extremadura

No obstante, la actuación de la 29 División de David Alfaro Siqueiros fue desastrosa. El 23 de julio de 1938 las fuerzas nacionales se encontraban a las afueras de Don Benito dispuestas a tomar la población. Las unidades del Ejército Popular de la República en la zona quedaron copadas. Con esta acción se da por cerrada la bolsa republicana de La Serena. Las principales poblaciones de esta zona, Don Benito y Villanueva de la Serena, pasaron así a manos nacionales. La División de Siqueiros fue enviada como refuerzo al centro de la refriega, pero poco pudo hacer ante el empuje de los nacionales. Tuvieron que retirarse a sus posiciones de partida.

En la primera fase de la batalla, en junio de 1938, Siqueiros envió dos compañías de la 109 Brigada Mixta para auxiliar a la 91 Brigada Mixta de Juan B. Gómez, que defendía la orilla del río Zújar y, el 18 de junio, perdió el Puerto de Castuera.

En la segunda fase, en el mes de julio, Siqueiros envió a la totalidad de la 109 Brigada Mixta al epicentro de los combates, intentando impedir el paso del Guadiana por las fuerzas rebeldes. La lucha se inició en el sector de la Casa de la Rana y prosiguió en el Vértice Gorbea, sin lograr detener el avance nacional hasta llegar al río Gargáligas, aunque sólo transitoriamente, pues poco después, la 109 Brigada Mixta tuvo que retirarse hacia La Coronada. En esta operación la unidad sufrió relativamente pocas bajas en comparación con las demás brigadas participantes, pues sus efectivos después de los combates ascendían a 2.127 hombres, mientras que la 25 había quedado reducida a 630 hombres, la 12 de Asalto a 1.134, la 20 a 1.552, la 91 a 1.719 y la 148 a 2.063. Al continuar la ofensiva la 109 Brigada Mixta quedó atrapada en el fondo de la Bolsa de la Serena, siendo totalmente aniquilada.

Una vez realizado el embolsamiento de la Serena, en julio del 38, los nacionales se afanaron en consolidar y controlar el terreno. La Aviación Nacional bombardeó el frente produciendo el día 25 de julio graves daños y numerosas pérdidas humanas. Los nacionales siguieron avanzando hacia las sierras de Castuera, pero los republicanos se opusieron fuertemente con tropas ayudadas por tanques y Aviación, librándose entre ambos contendientes fuertes combates aéreos.

En Puente del Arzobispo los combates se desarrollaron del 19 de Julio al 3 de agosto. Los nacionales destrozaron completamente 2 batallones de la 46 Brigada Mixta, parte de la 109 y de la división 200 de guerrilleros de Extremadura. Las bajas fueron cuantiosas por parte republicana. Se acusó al coronel David Alfaro Siqueiros de incompetencia en el mando, pero no fue el único. El mando del Ejército de Extremadura lo detentaba el coronel de Infantería Ricardo Burillo Stholle, y el del VII Cuerpo de Ejército, Antonio Rubert de la Iglesia. Ambos estaban afiliados al Partido Comunista de España, que ejercía un control sobre el nombramiento de los mandos por la ayuda militar de la Unión Soviética al gobierno republicano. El desastre en este frente fue mayúsculo, y pudo ser mucho peor, a no ser por otro mando, el mayor de milicias Agustin Barrios del Castillo, que desobedeció a Rubert y evitó que cayera todo el Campo de Arañuelo también.

Por estas fechas, las tropas nacionales del general Queipo de Llano empezaron a acusar el cansancio acumulado. Aún así, el día 10 de agosto se ocupaban Casas de Don Pedro, las sierras de la Osa y del Calvario. El día 13, Cabeza del Buey, pero al llegar a Zarza Capilla se encontraron con que el Ejército de Extremadura republicano había recibido refuerzos del Ejército de Levante, logrando parar en última instancia la progresión nacional.

El día 16 de agosto desde Levante llegaron las Divisiones 71 y 28. Días después llegó la 52 al mando del diputado comunista por Badajoz Pedro Martínez Cartón. Empezaron a contraatacar ayudados también por la merma de las tropas nacionales, porque la 102 División nacional había sido enviada al frente del Ebro.

Mientras tanto, Queipo de Llano reclamaba envíos de tropas para contener a los republicanos y taponar la penetración en Zarza Capilla y Peñalsordo. Por el norte, el general Saliquet con los Regulares de Alhucemas y los Tercios de Requetés Navarra, Ntra. Sra. de Begoña y Ntra. Sra. de Montserrat atacaba las posiciones de la 29 División de David Alfaro Siqueiros en el este cacereño, consiguiendo romper el frente el 19 de agosto (sierra de Altamira). El 22 de agosto, la 46 Brigada Mixta sufrió graves pérdidas en el Puerto de San Vicente, quedando prácticamente deshecha. Los nacionales entraron en Alía el día 23 de agosto y ocuparon una amplia zona del Campo de Arañuelo toledano.

David Alfaro Siqueiros fue fulminantemente cesado junto a toda la cúpula del Ejército de Extremadura. Para colmo de males, durante la ofensiva, Siqueiros se encontraba una vez más “ausente”, pese a que él mismo había ordenado que se suprimieran los permisos a sus tropas. La jefatura de la 29 División pasó al mayor de Blas, anterior jefe de la 109 Brigada Mixta. Estos cambios surtieron efecto. El Ejército de Extremadura al mando ahora del coronel Adolfo Prada recuperó en su contraataque Castuera. El ataque se basó en una doble ofensiva a cargo de los Cuerpos de Ejército VII y VIII que contaron con el apoyo de la Aviación republicana. Comenzando el día 22 de agosto lograron derrotar a las tropas nacionales al mando del coronel Cañizares, que fue procesado por ello. El 24 de agosto se desmoronaba el frente nacional abandonando Zarza Capilla. El frente se estabilizó a partir del 28 de agosto, cuando los nacionales recibieron las tropas de apoyo solicitadas, quedando en el frente republicano un triángulo que comprendía Zarza Capilla, Herrera del Duque, Puebla de Alcocer y Castilblanco.

No obstante, todavía para el 15 de octubre de 1938 Siqueiros seguía oficialmente al mando de la 29 División, aunque se encontrara ausente. Los asesores militares soviéticos aún no habían autorizado al Ministerio de la Guerra republicano su relevo. Aunque se había dado la orden de evacuación de todos los extranjeros que combatían en España, su condición de agente del SIM y sus relaciones con la KGB en España, motivó que fuera necesaria la consulta a Moscú para autorizar su retirada.

La retirada del Coronelazo

Hay muchas formas de perder una guerra. Una de ellas es nombrar en los puestos de mando a individuos vestidos de payaso con escasa o nula formación militar, atendiendo sólo a su ideología, nacionalidad o fidelidad perruna al “baranda” de turno, mientras se margina, reprime o asesina a los militares profesionales nativos que hasta el momento desempeñaban eficientemente estos cargos. Este fue el caso del Ejército Popular de la República. Siqueiros no refiere nada en sus memorias de sus derrotas en el campo de batalla o de su incompetencia en el mando. Omite discretamente este apartado. Pasa directamente a la retirada.

Viene después la orden dolorosísima de que todos los extranjeros entreguen sus mandos militares. Ingenuamente el Gobierno Republicano Español, por obra de un compromiso internacional pretendía eliminar a los mandos técnicos alemanes en España, a los Cuerpos de Ejército italianos en su territorio, a las interminables Divisiones de moros, etcétera, a la ayuda positiva en armas, dinero, etcétera, del mundo capitalista, en general, licenciando a las Brigadas Internacionales e inclusive a los jefes y oficiales latinoamericanos que mandaban unidades españolas por razones mismas de idioma.

En contraposición al optimismo con el que llegó a España, el Coronelazo Siqueiros regresó a su país a finales de 1938 cuando la causa republicana se daba irremediablemente por perdida. Esta decepción le animó de nuevo a continuar la lucha mediante los pinceles que había abandonado en los últimos años de acción directa.

Yo voy ahora a pintar. Quiero pintar. Creo que tengo derecho a pintar después de 25 años de lucha por la Revolución. Volveré pues a pintar, pero ahora en vista a una producción metódica y quizás por todo lo que me reste de vida. Este propósito no significa el abandono de la militancia directa en nuestra multiforme batalla. Cambiaré solamente de arma. Vengo de dejar la Infantería y me voy a combatir en el terreno de la Poligrafía Funcional Revolucionaria. Tengo la cabeza llena de ideas, y ya estoy trabajando en mi nueva operación.

De esta época son las pinturas “El suspiro (El sollozo)” y “El eco del llanto”, una desgarradora alegoría de la pobreza compuesta por una enorme cabeza de niño de la que sale otra cabeza de niño con llanto desgarrado sobre un paisaje desolado, plagado de ruinas y destrucción. Es, probablemente, una de las pinturas de estética expresionista-figurativa más importantes del arte latinoamericano. Ambas se encuentran en las colecciones del MOMA de Nueva York.

Con el acuerdo que el gobierno republicano firmó para la salida de los soldados extranjeros, David Alfaro Siqueiros regresó a México al frente del puñado de compatriotas que habían luchado y sobrevivido en la Guerra Civil Española. De los 533 mejicanos que habían combatido en la guerra, sólo habían sobrevivido 52. El camino de vuelta no fue, precisamente, la retirada triunfal que ellos pensaron. Una vez en Méjico, los marginaron socialmente. Siqueiros consiguió de Lázaro Cárdenas, con el que había combatido en su juventud contra-revolucionaria, una indemnización de 500 pesos para cada ex combatiente. Y poco más…

La lamentable terminación de la guerra en España, nos puso a los mexicanos en contacto. Por orden de la superioridad, debimos concentrarnos en Barcelona para preparar nuestra salida del país. Los que nos hallábamos en la parte cortada del territorio español, es decir, más allá de Valencia, Teruel, etcétera, que es por donde se había producido la penetración franquista hasta el Mediterráneo, debimos atravesar el mar que se encontraba frente a las costas dominadas por el enemigo, en lanchones de gran rapidez e invariablemente bajo el fuego de las ametralladoras y la Artillería enemiga. O bien, bajo la implacable persecución de la Aviación. Después, vino la concentración de los supervivientes mexicanos de la guerra de España en París y mi nombramiento como jefe del grupo de mexicanos excombatientes.

Cincuenta y cuatro de nosotros tomamos el barco en El Havre, debimos detenemos en Southampton para que hicieran reparaciones al mismo, lo que nos permitió permanecer algunas semanas en Londres. Y después de una larga escala, hicimos escala en Halifax, ciudad del Canadá que había sido destruida por una explosión gigantesca durante la guerra anterior y la cual mostraba todavía en un 60 por ciento los efectos de tal catástrofe. Después Nueva York, donde nos esperaban grandes demostraciones en favor de los republicanos españoles, pero que no pudieron tener lugar, porque a los excombatientes mexicanos en España se nos prohibió el libre acceso a la gran ciudad. Algunos días de Tricornia y después, a solicitud del general Cárdenas, entonces Presidente de México, se nos prometió en un autobús perfectamente vigilado por agentes de la policía norteamericana del FBI, y así un largo recorrido por todo el territorio de los EE.UU, y en el cual acontecieron muchos incidentes.

El más notable de ellos fue cuando en una ciudad la población blanca casi nos lincha por grave delito de responder con sarcasmo de hecho a su indicación de que los blancos, entre nosotros, no deberíamos penetrar al mingitorio de los negros. Sucedió lo siguiente: al querer entrar todos al mingitorio que estuvo a nuestro alcance en el primer momento, los empleados pretendieron impedir la entrada de los mexicanos más prietitos, pues haciendo una especie de selección racial entre nosotros, nos indicaban quiénes debían ir al de los blancos y quiénes al de los negros. Entonces nosotros, en señal de protesta, dijimos: “Muy bien, pues entonces todos vamos al de los negros” lo que les pareció todavía más ofensivo. Primero fueron los asistentes del restaurante de la estación de autobuses quienes pretendieron obligarnos por la fuerza, a empujones, a que los güeritos penetráramos en un lado y los prietitos en otro, y como en esa batalla nosotros obtuvimos la victoria, nos metimos de rondón al de los negros y mientras estábamos ahí, una gran multitud de blancos indignados quería golpearnos y lo hubieran hecho si los policías que nos conducían no hubieran sido reforzados por casi una compañía de la población referida...

… Esta circunstancia nos reunió por primera vez a los pocos mexicanos que no habían dejado sus huesos en tierra española. La pregunta normal que nos hacíamos unos a otros era la siguiente: “¿Vamos a permitir que Trotski continúe en México, protegido por el Gobierno, y nada menos que por un gobierno presidido por el general Cárdenas y que tiene como su Secretario de Gobernación precisamente a don Ignacio García Téllez, esto es, gentes poseedoras de una ideología en ciertos aspectos, afín a la nuestra, a la de los que hemos luchado en España?” Y es ahí mismo donde surge el compromiso ineludible: nuestro juramento de honor se manifestó impotente: nosotros, los mexicanos, cueste lo que cueste, pondremos fin a la ignominia. Lo hacemos por el pueblo español, con cuya sangre hemos derramado la nuestra y por los intereses más vitales de México, que no puede detener la marca iniciada por la Revolución Mexicana.

El 23 de mayo de 1940, el comando del Coronelazo David Alfaro Siqueiros atentó contra la vida de Lev Davidovich Bronstein, Trotski, en su residencia del barrio de Coyoacán, en México D.F. Intervino decisivamente en su preparación y ejecución la Inteligencia Exterior Soviética (llámese GPU, NKVD ó KGB). Era la culminación de una idea que había tomado forma dos años y medio antes, a 9.020 kilómetros de distancia, en el Frente de Extremadura.

F.B.S.

11 junio 2013

¿FUE LEGAL EL GOBIERNO DEL FRENTE POPULAR?

Desde el mismo momento que el innombrable creó la Bestia de la Memoria Histórica y para buscar adoradores de dicha Bestia que se postraran en hinojos ante ella y predicaran su Nombre a los cuatro vientos no dudó en hacer sonar la bolsa del dinero, inmediatamente salieron de sus madrigueras una serie de personas e instituciones públicas que no tuvieron ningún remordimiento en recoger dichas bolsas y, desde entonces entregarse a la manipulación más brutal que ha visto el pueblo español en toda su Historia.

Para consumar ese engaño, lo que traía parejo el cobro de impresionantes cantidades de dinero, para sus investigaciones, claro está, que, al fin y al cabo es el único objetivo que esos adoradores perseguían, reescribieron totalmente la Historia e inventaron consignas que han metido a golpe de puño con capullo en la mente de los ignorantes, tales como: Los fascistas se alzaron contra la República y contra el Gobierno legítimo, o aquella otra, más curiosa que dice que los partidarios del Frente Popular eran luchadores por la justicia, la democracia y la libertad.

Vamo a dar por bueno que los españoles que lucharon en el bando marxista, o al menos muchos de ellos, efectivamente, creían que luchaban por la democracia, la justicia y la libertad, del mismo modo que también creyeron lo mismo los que lucharon por el bando nacional., ignorando en ambos casos, que sus líderes, llamense Franco o Largo Caballero tenían otras ideas.

Sin embargo, la manipulación a la que los adoradores de la Infame Bestia de la Memoria Histórica, ha logrado incrustar en la mente de mucha gente que por parte nacional todos eran unos fascistas, incluso los padres de familias famélicas que antes de la guerra no tenían nada para dar de comer a sus hijos y siguieron igual después de la Victoria.

La realidad es que ni el PCE ni el PSOE, encarnado por el salvaje, primitivo, inculto y genocida Largo Caballero querían democracia. Las pruebas están ahí, golpe de estado incluido.

Este salvaje y los que le seguían abogaban por la instauración de la República, pero no una República democrática, sino una República que seguía las directrices que marcaba la Unión Soviética, es decir la dictadura del Proletariado, o sea, la esclavitud, la persecución, la represión, el hambre, el pensamiento único, la eliminación de la personalidad, la tortura y la muerte, basándose en el principio tan español de si para sacarle un ojo al que ninguno tiene yo me saco uno, es decir, para que los “ricos, los burgueses y los capitalistas” no siguieran con sus privilegios, seremos todos esclavos.

Me gustaría que algún medio de comunicación preguntara a los que salen con el trapo tricolor a la calle por qué quieren la República. Sería digno de escuchar sus respuestas, porque estoy seguro que en realidad lo que quieren es una República de izquierda que indudablemente terminaría en dictadura, como Cuba.

Claro, que para justificar eso, a esos descerebrados les han metido en la cabeza que la República es necesaria porque la Casa Real está inmersa en muchos escándalos de corrupción.

Hombre, por esa regla de tres lo mismo podríamos decir de la democracia misma, ya que un buen número de políticos, de todos los partidos, están imputados o han sido condenados por impresionantes casos de corrupción. 
Vamos a partir de la base, que efectivamente, el pueblo libre español se alzó contra el gobierno del Frente Popular mediante un golpe de estado. Eso es un hecho.

Otra cosa sería ponernos a discutir sobre si ese golpe de estado se debió a que los españoles libres se anticiparon a otro que tenían previsto organizar el Frente Popular, o mejor dicho, el genocida Largo Caballero y el PSOE.

En realidad, la guerra civil era inevitable, ya que el salvaje Largo Caballero, y junto a él otros dirigentes partidarios de instaurar la dictadura, amenazaban constantemente con ir a la guerra si ganaban las derechas.

El caso es que, pucherazo o no, en febrero de 1936 ganó el Frente Popular y, por lo tanto, en esos primeros meses era el gobierno legitimo de la nación del mismo modo que hoy en día lo es el PP aunque sus dirigentes se alzaron con la victoria engañando al pueblo y mintiendo descaradamente, lo cual, si hubiera leyes al respecto, incapacitaría al PP para gobernar.

Y para entenderlo simplemente debemos hacer una comparación con el aspirante a un puesto de trabajo que envía un curriculum manifestando que tiene tres licenciaturas y habla cuatro idiomas. Puede darse el caso que la empresa necesite urgentemente a alguien que tenga esas cualidades y confíe en el aspirante al puesto de trabajo y lo contraten.

España, tras la catástrofe política, social y económica en la que la sumergió el innombrable, necesitaba desesperadamente que llegara alguien que tuviera facultades para cambiar el estado de cosas y confiando en las promesas electorales, el PP ganó por mayoría absoluta.

Ahora bien, si una vez contratado el solicitante del puesto de trabajo, sus jefes descubren que ha mentido y no tiene estudios y sólo habla español y mal, evidentemente lo despedirán. Lo que no es de recibo es que si además de mentir en su curriculum y descubiertas sus mentiras y su incapacidad para ocupar ese cargo, una vez que ha logrado el puesto de trabajo la ley le ampare para que sea él el que reduzca el sueldo de sus jefes, les obligue a pagar más impuestos y los hunda en la miseria mientras que ese incapaz se forra y se lleva el dinero a raudales, repito que todo eso amparado por la ley y, por si fuera poco, si sus contratantes intentan despedirlos ese empleado utilizara la fuerza contra ellos para que no protestaran y al final, pese a que su incapacidad para ejercer ese puesto de trabajo sea manifiesta, la única solución para los contratante es esperar pacientemente, viendo como su empresa se hunde todavía más y ellos se precipitan en la ruina económica, a que se cumpla el tiempo de contratación estipulado en el contrato y despedirlo “legalmente” y elegir a otro nuevo empleado.

En democracia, el jefe es el pueblo que elige a sus gobernantes y esos gobernantes están al servicio del pueblo y si el pueblo, una vez comprobada sus mentiras decide despedirlos, teóricamente está en su derecho, pero, desgraciadamente no es así porque la legalidad ampara a los políticos y les protege para que permanezcan en el cargo hasta la siguientes elecciones.

Pues bien, eso pasó en febrero de 1936 cuando el Frente Popular ganó las elecciones. Es decir, la ley le amparaba, independientemente de si hubo pucherazo o no y por lo tanto, la sublevación del pueblo libre fue ilegal.

Pero ya está. Eso es todo. De acuerdo que hubo una sublevación militar que podemos llamar como cada uno quiera: Golpe de Estado, traición, rebelión armada, etc., etc.

Una vez que ese golpe de estado se llevó a cabo, se produjo la fracturación o división de España y aquí es donde está el meollo del asunto.

Los rebeldes, golpistas, o liberadores, como cada uno guste llamarles, lo primero que hacían era declarar el estado de guerra y en virtud de esa declaración aplicar las leyes militares o civiles que se contemplaban en una situación sometida a ese Estado de guerra.

Al mismo tiempo se creó un gobierno para dirigir las zonas que se iban conquistando, se creó una moneda propia y se dictaron leyes propias para gobernar el nuevo estado que estaba surgiendo partiendo de una ilegalidad pero que al final fue declarado legal y reconocido por muchos países que con el devenir del tiempo culminó con la aceptación en la ONU y en decenas de organismos mundiales.

Sin embargo, en el la zona sometida al gobierno del Frente Popular las cosas ocurrieron de forma muy diferentes, ya que mientras sus dirigentes planificaban el impresionante robo del Banco de España, verdadero origen de la guerra, porque el salvaje Largo Caballero ya tenía muy bien planificado aquel gigantesco robo y necesitaba que hubiera una guerra que creían iban a ganar, para servir de distracción y justificación para cometer aquel magistral golpe que al final le costó la vida ya que a diferencia de otros dirigentes marxistas que se anticiparon al peligro y huyeron de Francia, el inculto Largo Caballero, totalmente dominado por su ambición, no se resignó a irse sin el botín que había robado. Pudo en él más su ambición que el temor al peligro que se cernía tras la invasión nazi.

Ya hemos dicho que los sublevados emitían la declaración de guerra inmediatamente y bajo esa declaración estaban facultados para juzgar y condenar a los enemigos.

Vale, de acuerdo, lo que ustedes quieran, vamos decir que también se asesinó a mucha gente inocente.

Por el contrario, el gobierno del Frente Popular no declaró el estado de guerra en todo el territorio nacional hasta enero de 1939.

Esto quiere decir que a partir de julio de 1936 ese gobierno dejó de ser legal y se convirtió en una banda de facinerosos y ladrones que llevaron a cabo un terrible genocidio.

La pena de muerte fue abolida en la reforma del Código Penal en 1932. Sin embargo, en 1934 tras el golpe de estado socialista, fue de nuevo instaurada, pero sólo era aplicable en casos de terrorismo y bandolerismo.

Curiosamente, tras el fracaso del golpe de estado y el intento separatista de Cataluña, los pocos líderes golpistas y separatistas que pudieron ser detenidos, ya que muchos de ellos como Margarita Nelken o Nicolás de Pablo huyeron, no fueron condenados a la pena máxima, mientras que otros desgraciados, de menor importancia fueron ejecutados en aplicación de la leyes vigentes, circunstancia ésta que hoy en día también llaman represión, es decir, a la aplicación de la leyes vigentes en un estado democrático, como era la II República lo llaman "represión".

Desde luego, en el Código Penal Militar la pena de muerte siguió vigente y aplicable en casos de traición, rebelión armada y otras situaciones parecidas, como ocurrió con los generales Fanjul o Goded, pero bajo ningún concepto esa pena era aplicable en zonas alejadas del frente de combate y ejercida sobre personal civil como mujeres, hombres, niños, ancianos y religiosos y religiosas que nada tenían que ver con el golpe de estado ni habían participado en su preparación y ejecución.

Después viene lo que estos adoradores de la Bestia llaman “represión”.

Por supuesto que hubo represión y se cometieron muchos crímenes, pero en términos generales hubo justicia.

Que esa justicia fuera aplicada de forma rigurosa en muchos casos es otro cantar, pero lo cierto es que hubo juicios en los que los detenidos contaron con defensa e incluso el derecho a la apelación, que en muchos casos trajo como consecuencia la conmutación de la pena impuesta por otra de inferior grado, cosa que en la zona gobernada por el Frente Popular no se dio en la mayoría de los casos y en pueblos y ciudades se efectuaban miles de detenciones ilegales y asesinatos en masa.

Todo el mundo ha oído hablar de los juicios de Nuremberg y, salvo excepciones, todo el mundo está de acuerdo que las condenas que se dictaron tras el proceso fue aplicación de la justicia y no represión, pese a que para llevar acabo aquel juicio se inventaran el delito de “Crímenes contra la Humanidad” y las penas se aplicaran con carácter retroactivo.

Ahora bien, si los nazis hubieran ganado la guerra indudablemente hubieran juzgado igualmente a los políticos y jefes militares de los países aliados y el mundo se hubiera estremecido igualmente de horror ante las descripciones de los testigos sobre los terribles bombardeos aliados sobre poblaciones alemanas que costaron decenas de miles de muertos, entre mujeres, niños, ancianos, hospitales, escuelas y la destrucción casi total de muchas ciudades alemanas.

La prueba la tenemos en el bombardeo de Gernika, sobre el que hoy en día, en España, muchos se rasgan las vestiduras, sin tener en cuenta que el bombardeo marxista sobre Cabra (Córdoba), por ejemplo, fue igual de salvaje, con la salvedad que Gernika era un objetivo militar mientras Cabra se encontraba en la retaguardia y, además, fue bombardeada en día de mercado. Y del bombardeo sobre el Hospital de Burgos, ni hablamos.

Incluso hay más. Todo el mundo se lamenta de la Solución Final contra los judíos. Esto se debe a que fueron masacrados sin defenderse, salvo pocas excepciones, como Varsovia y conducidos a los campos de la muerte como ganado al matadero.

Yo me pregunto qué dirían en la actualidad si los judíos hubieran tomado la iniciativa y hubieran luchado contra los nazis.

La respuesta la encontramos en lo que los medios progresistas publican sobre la eterna lucha que el gran pueblo de Israel sostiene actualmente contra los árabes que rodean su país. Los mismos que se rasgan las vestiduras de horror ante el Holocausto del pueblo judío, en la actualidad critican a Israel por defenderse y evitar que vuelva a suceder lo mismo con su pueblo.

Volviendo al proceso de Nuremberg, resumiendo mucho el tema, nos encontramos que fueron tres los principales delitos que se imputaron a los acusados:

1. Crímenes de guerra, la existencia de asesinatos, torturas y violaciones, hechos contrarios a las Leyes de la Guerra.

2. Crímenes contra la humanidad, cuando se enfrentaba el exterminio y la muerte en masa. Este delito incluye Genocidio, cuando se daba muerte a todo un grupo étnico determinado.

3. Guerra de agresión, sobre la base de una premeditación para alterar la paz y entendida como el proceso para atentar contra la seguridad interior de un Estado soberano.

Blanco y en botella, leche.

Cada uno de estos delitos son aplicables al gobierno del Frente Popular al pie de la letra.

07 junio 2013

LA SINIESTRA IZQUIERDA

Dos noticias, publicadas recientemente, sirven para dar forma a esta entrada.

La primera, que pueden ver http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/politica/puedo-decir-aqui-sin-que-nadie-me-grabe-hable-los-ere-teledirigido-por-grin deja muy claro que los socialistas están llenos de maldad y trabajan a la sombra para desestabilizar, no digo ya al Gobierno sino para aniquilar la democracia, sin darse cuenta que ellos están ahí, sembrando el mal, porque hay democracia.

Si no, ya me contarán ustedes cómo este mismo individuo, el tal Carmona, ese títere que se mueve según le van indicando en el teléfono móvil, no fue procesado inmediatamente tras decir aquello de “aunque vamos sobrados de votos, si hace falta hundiremos otro barco”, refiriéndose al Prestige y la manipulación social que la izquierda realizó contra el PP aprovechando aquel desastre, como aves carroñeras alimentándose de los despojos. En resumen, según este títere teledirigido, en el PSOE no tenían empacho en causar un desastre con tal de ganar las elecciones para arrasar con los fondos públicos, como han hecho cada vez que han gobernado.

Si tenemos en cuenta que el capitán del barco fue procesado y se le pidieron doce años de cárcel por delitos contra el medio ambiente y daños a espacios naturales, las declaraciones de este individuo, son cuando menos susceptibles de interpretarse como apología de dichos delitos, ya que es indudable que cuando manifestó aquello no estaba pensando en hundir un barco cualquiera al objeto de crear un arrecife artificial sino en uno bien cargado de petróleo que contaminara el mar y las costas si con eso perjudicaba al PP. Supongo que en cualquier otro país, más civilizado, más culto y con menos ladrones, este señor hubiera sido procesado. En España, donde nuestra democracia se sale de los límites, no ocurrió así, y pese a eso, ya ven ustedes, bandas de milicianos y descerebrados salen todos los días a la calle criticando al gobierno y diciendo que quieren democracia. La única democracia que esos milicianos y descerebrados quieren es la del exterminio de los rivales políticos de sus pastores que lo único que quieren es gobernar en solitario para llevarse todo el dinero disponible. Tengamos en cuenta que en Andalucía ya lo están haciendo y pese a eso todavía nadie ha visto que esos milicianos y descerebrados salgan en piaras para protestar, señal que se conforman con las migajas que les dejan para seguir cobrando el paro a costa del resto de españoles honrados, a los que llaman “fascistas neofranquistas” lo cual es un orgullo porque sabemos que esos que llaman “franquistas neofranquistas” son la muralla infranqueable que llena de horror el corazón de esas hordas que viven atemorizados con el recuerdo, que no vivieron, de la sombra del Caudillo y son lo únicos que se acuerdan de él a todas horas.

Pero es que tras la afirmación que el tal Carmona éste realizó sobre hundir un nuevo Prestige hay algo más siniestro que yo creo que, precisamente por lo terrible que puede ser la suposición, nadie se atreve ni tan siquiera a comentar.

Que yo sepa, el PSOE no tuvo nada que ver con el hundimiento del Prestige.

La mar puede ser bonita e inspirar a los poetas, pero no deja de ser una puta de ojos verdes que, cuando quiere, arrastra al fondo a quienes se aventuran por ella, por lo que cualquier barco que navegue sobre sus aguas puede convertirse en víctima de su terrible ferocidad.

Por ese motivo, el PSOE no pudo estar detrás del hundimiento del Prestige, aunque como vemos, el tal Carmona, el teleñeco que dirige por control remoto el señor Griñán, no le importaba hundir otro barco similar que contaminara aguas y costas con tal de ganar las elecciones. Sin embargo, el que directamente no expulsaran al tal Carmona del Partido y después la hayan permitido ocupar otro cargo político puede llevar a pensar que al PSOE está dispuesto a llegar hasta donde sea, incluso provocar una gran contaminación en mares y costas con tal de lograr el poder y eso da miedo, mucho miedo.

También sabemos todos que, según la Justicia, ni el PSOE ni los etarras, que comparten ideología y forma de saludar con ellos, tuvieron nada que ver con el brutal crimen en masa del 11M que sirvió para cambiar la intención de voto y el PSOE logró la victoria.

En estos momentos, el PSOE está en franca decadencia y seguramente no vuelva a gobernar en muchos años. Dentro de poco más de dos años habrá nueva elecciones y en esta ocasión el PSOE no va sobrado de votos.

Otra noticia que también da que pensar es la que se recoge en http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/politica/si-paracuellos-un-genocidio-los-130000-asesinados-por-franco-son-diez-genoc en la que vemos el debate entre Juan Carlos Monedero y Fernando Paz.

No voy a hablar sobre el debate y el vergonzoso espectáculo que ofrecieron ambos tertulianos porque para eso pueden ver el vídeo.

A lo único que haré mención es a la particular forma de ver los sucesos que tienen los antidemocráticos izquierdistas. Me refiero a eso que dice el señor Juan Carlos Monedero sobre que el general Queipo de Llano “pidió que se violase a los mujeres de los republicanos”.

Como sabemos, eso de que el republicano general Queipo de Llano amenazó con que sus tropas violaran a las mujeres de Utrera lo dijo el delincuente Garzón en su auto contra el franquismo y citó como referencia al señor Espinosa.

Lo cierto es que ni el republicano general Queipo de Llano dijo jamás eso ni el señor Espinosa lo escribió, aunque se cuidó muy mucho de contradecir al delincuente, no se si por miedo a la posible reacción de dicho delincuente contra su persona, porque entra esa jauría saben que entre ellos se despedazarían a dentelladas si no bailan al son de la música que tocaba quien les corrompió el alma a base de subvenciones dadas con el dinero robado a los familiares de las víctimas de la sed de sangre e instintos criminales del genocida e ilegal gobierno del Frente Popular o porque le interesó que la mentira se propagara para alimentar la terrible campaña antidemocrática que la izquierda está llevando a cabo.

En resumen, como vemos, la izquierda utiliza a sus esclavos como si fueran robot, bien teledirigiéndolos a distancia, bien incrustándoles falsos panfletos en sus cabezas y lo malo es que estos siniestros personajes no saben que si sus amos gobernaran al estilo de la República que ellos quieren instaurar, es decir, sin rivales políticos, más tarde o más temprano, cuando ya no les sirvieran, serían enviados a campos de exterminios o fusilados en cualquier paraje aislado. Ahí está la Historia para quien quiera estudiarla.

06 junio 2013

¡¡BADAJOZ-AGOSTO DE 1936, CIUDAD ABIERTA A LA PRENSA LIBRE!! GASTON D´ANDY UN PERIODISTA ENIGMÁTICO

A continuación expongo otro gran artículo, firmado por Moisés Domínguez Núñez, publicado en FORO HISTORIA EN LIBERTAD



¡¡BADAJOZ-AGOSTO DE 1936, CIUDAD ABIERTA A LA PRENSA LIBRE!! GASTÓN D´ANDY UN PERIODISTA ENIGMÁTICO



¿Estaba todo escrito sobre los corresponsales que entraron en Badajoz? La respuesta es un NO rotundo. Parece que estuviera todo escrito pero quedan, a mi juicio, líneas que investigar.

Por ejemplo, una vía poco a nada investigada es el estudio de la toma de Badajoz y la posterior represión en la Hemerotecas latino-americanas y ello debido principalmente a la dificultad para acceder a estos archivos y no solo por la distancia que nos separa, que hace complicada la consulta, sino porque “la mordida “que hay que pagar al archivero de turno es, en algunas ocasiones, inasumible. Otras veces, la dificultad llega porque el estado en el que se encuentran algunas hemerotecas es cuando menos mejorable. En alguna ocasión me he topado con periódicos que no están digitalizados o se encuentran en un estado de conservación lamentable que hace casi inviable su estudio.

Pero para nuestra alegría, a veces, en el lugar más inesperado te encuentras con un verdadero tesoro y ello después de solventar mil y una barreras. Cuando al fin has solventado estas “pequeñas” dificultades y te facilitan el acceso es como si te sintieras como un niño en una atracción de feria. Si a eso sumas que localizas esa pieza que te faltaba del puzzle la felicidad del investigador es indescriptible. Quien conoce este mundo sabe que localizar una fecha, un nombre, un lugar puede llevar meses y meses y a veces la búsqueda ha sido en balde. Pero cuando a la fortuna le añades trabajo y más trabajo, horas y más horas a lo mejor solo a lo mejor, te topas con lo que buscas y eso es lo que me ha ocurrido con uno de los descubrimientos más sorprendentes con los que me cruzado en mi vida de investigador.

Así fue como en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí” contacté con una bellísima persona que me facilito el acceso a su fondo documental, eso si después de los oportunos controles (en eso Cuba sigue siendo muy parecida a Rusia) y liarnos a hablar sobre los aventuras y desventuras que sufrió mi bisabuelo José Domínguez (Guardia Civil en Cuba) durante la Guerra del 98. Después de horas de investigación localicé un nuevo corresponsal, el enésimo, y eso que algunos historiadores escribieron en el frontispicio de su cátedra que en Badajoz solo entraron tres o ,a lo sumo, cuatro periodistas dado el control que sobre la prensa libre ejercía el teniente coronel Yagüe. Todo mentira como en el cine, el caso es que sobre bulos y medias verdades se ha construido una versión oficial de los hechos ocurridos en Badajoz en Agosto de 1936 por unos historiadores e investigadores que yo denomino de combate y que se sitúan al mismo nivel militante que el mismísimo Rodrigo González Ortín, autor que escribió hace más de 75 años. Las dos versiones son propaganda de guerra y contienen las falsedades correspondientes y sus medias verdades. Los libros de este nuevo revisionista de la historia son pura propaganda de Guerra y que sepamos no se ha declarado ninguna Guerra.

Dejando aparcado las cuestiones ideológicas de esos pseudos-investigadores proseguimos con el relato. En la Hemeroteca cubana localicé un extraordinario e inédito reportaje, que sobre los acontecimientos ocurridos en Badajoz en aquel caluroso verano del treinta y seis, escribió un corresponsal llamado GASTON D´ANDY y que fue difundido por la agencia francesa Havas

Sin más dilación expongo en exclusiva este nuevo descubrimiento publicado en la portada del diario La Marina de La Habana (Cuba) del 15 de Agosto de 1936, dejando a historiadores e investigadores, más avezados y con más medios que este humilde servidor, la tarea de obtener más información sobre este “enigmático “periodista .

Como anotación final, vemos que la información que proporciona este corresponsal es similar a la que recogieron otros enviados especiales por ello en esta ocasión no nos pararemos a diseccionarla. La novedad, el dato inédito es en sí mismo, es la presencia de un nuevo periodista que viene a engrosar la ya larga lista de reporteros que entraron en aquel caluroso verano de 1936 en la ciudad de Badajoz ¡¡CIUDAD ABIERTA A LA PRENSA LIBRE!!



DETALLES DRAMÁTICOS DEL ASEDIO QUE PRECEDIÓ A LA CAPTURA DE BADAJOZ

Por Gastón D´Andy, enviado especial.

ELVAS.- Portugal agosto 14. Havas –Después del mediodía de hoy (14/08/1936) los rebeldes acometieron el ataque de la plaza de Badajoz, una de la más importantes de Extremadura, penetrando en la posición leal por la puerta de la Trinidad. El bombardeo es intensísimo. Los rebeldes están empleando la aviación y su artillería en un ataque desesperado por desalojar a los leales que resisten en las posiciones abaluartadas en la ciudadela que son constantemente bombardeadas desde el otro lado del Guadiana por la artillería montada en el fuerte de San Cristóbal situado a 500 metros al norte de la ciudad .


Según parece las tropas han logrado abrirse paso por los caminos de Mérida y Sevilla, tratando ahora de cortar las comunicaciones a los leales del lado de Portugal.


La metralla ha hecho multitud de bajas entre los no combatientes, principalmente mujeres y niños. En largas caravanas huyen hacia Portugal los pacíficos amparándose en banderas blancas improvisadas. Los leales matan a cuantas personalidades sospechosas de fascismo tratan de huir. El gobernador de Badajoz, sufriendo un ataque al corazón, logró entrar en Portugal, caminando los quince kilómetros que hay de aquí a la frontera por Arronche.


Los rojos armados que penetran en Portugal, son desarmados e internados luego. La frontera, según parece, ha sido violada por diferentes partes.


El gobernador de Badajoz una vez que hubo entrado aquí, se hospitalizó en una clínica de Elvas, pues sufre del corazón.


La mayor parte del casco antiguo de Badajoz ha sido destruido por la metralla de los combatientes y se pelea en las calles estrechas de la ciudad, con todas las armas disponibles.


Se informa aquí que en Almendralejo fueron ejecutados por los rebeldes vencedores los miembros supervivientes del Frente Popular y los milicianos que cayeron prisioneros medida que ha hallado réplica en Badajoz donde han sido ejecutados todos los elementos tildados de fascistas.


La pintoresca ciudad de 38.000 habitantes ha quedado arrasada por las bombas y gran parte de ella está ardiendo.


La resistencia la realizan 3.000 [sic] milicianos del Frente Popular, reclutados entre los campesinos comarcanos y 300 soldados de línea, pero carecen de artillería antiaérea. Se ven en la necesidad de tener que emplear sus fusiles en responder al ataque de los legionarios y los regulares de Marruecos que el general Franco ha arrojado sobre la plaza, que es atacada por tres puntos a la vez, con supriores contingentes y aviación, que lanza sobre las posiciones constantemente bombas incendiarias.


Se asegura que los contingentes que han penetrado en Extremadura por el sur han hecho ya contacto con las tropas del General Mola y que una vez que haya sido tomada Badajoz los dos generales concertaran un plan de ataque sobre Madrid, por el norte y el sur simultáneamente considerando que se desmoronara por completo la línea del gobierno.


Se afirma que el General Millán Astray veterano de la Legión se ha puesto al frente de las unidades africanas ante las cuales posee un indiscutible prestigio. Hoy se dijo en Elvas que quedaban restablecidas por aquí las comunicaciones directas entre Lisboa y Burgos y Lisboa y Sevilla por teléfono y telégrafo.


Entre los leales, en cambio, se insiste en asegurar que Franco, Mola y Queipo de Llano, quieren asegurarse la salida por Portugal.


Hoy el gobierno portugués comunico a los gobiernos de Francia y la Gran Bretaña que acepta en principio los anteproyectos de convención de neutralidad en los asuntos españoles.


Más al sur, por la frontera de Huelva, siguen las escaramuzas entre los mineros de Río Tinto y los Rebeldes .Se asegura que hay un crucero ingles dispuesto a enviar tropas para rescatar a 38 empleados de la compañía de minas que fueron secuestrados por los trabajadores, que les mantienen en su poder como rehenes.


Volviendo a la situación de la plaza de Badajoz, a la puesta del sol se encontraba toda la plaza en manos de los rebeldes, salvo la Ciudadela y la parte antigua de la ciudad, situada a la margen oriental del Guadiana .Los combates se reanudarán de un momento a otro.


Los leales antes de abandonar la parte nueva de la ciudad, dinamitaron varias casas se incendiaron otras, causando las explosiones muchos estragos entre los rebeldes.


Desde muchas casas atacaron con dinamita a los legionarios, haciendo enormes daños en sus filas. Pese a esto, las tropas rebeldes no han cesado de penetrar en masas compactas dentro de la plaza, cuya ocupación total se espera para mañana.


El gobierno de Madrid se encuentra totalmente imposibilitado de socorrer a Badajoz, porque Mérida que se encuentra entre ambas ciudades, fue ocupada por los rebeldes hace dos días.


No ha sido posible hacer un cálculo sobre el número total de bajas que han sufrido entre ambas partes en esta acción, creyéndose que la mortandad ha sido enorme.


La puerta de la Trinidad, por donde se dice que han entrado los rebeldes, está dominada por los fuegos del fuerte Pucuriña (sic) que bate el camino de Villanueva .Esta junto a los más importantes baluartes de la plaza, del lado sur del Guadiana.


La resistencia que hacen los leales en el Castillo puede comparase a la que realizaron los soldados franceses durante la guerra de la independencia española.


Badajoz es importantísimo en el sentido estratégico, supuesto que domina los caminos de Madrid y Sevilla.

03 junio 2013

SIQUEIROS. 2ª PARTE

Otro lugar común de la Memoria Antifranquista es considerar que los intelectuales y el mundo de la cultura apoyaron al Frente Popular frente a los Alzados. Con este razonamiento se pretende hacer creer que el bando republicano es equivalente a progreso y razón, frente a la barbarie y el sometimiento del bando nacional. Esta consigna sigue utilizándose aún hoy en día. Sólo hay que echar un vistazo a la última ceremonia de los premios nacionales del cine para ver una actualización de la puesta en práctica de este argumento. Evidentemente, el apoyo monolítico de la intelectualidad española al Frente Popular es una creación de la Oficina de Prensa y Propaganda republicana durante la guerra. Por clase social, en general, la mayoría de la intelectualidad española pertenecía a las élites sociales y económicas urbanas, por tanto, en sus intereses de clase debían simpatizar más con el movimiento conservador que con los revolucionarios. Sin embargo, el posicionamiento individual de cada intelectual ante el conflicto tuvo más que ver con la situación geográfica de sus residencias habituales que con otros factores. La mayoría de ellos vivían en las grandes capitales o en el extranjero, por lo que quedaron bajo el dominio de los leales, con los que tuvieron que convivir o colaborar. Recordemos que, de las grandes ciudades, sólo en Sevilla triunfó el Alzamiento militar.

Pero sí hubo un grupo de intelectuales que fue ajeno a este proceso: los intelectuales al servicio de la Internacional Comunista, dirigida por el gobierno soviético de la URSS. Algunos de ellos dejaron aparcado temporalmente el arte y empuñaron las armas o sirvieron en los organismos republicanos donde su intervención era más valiosa: en las oficinas de prensa y propaganda. Se da la circunstancia, además, de que en los años 20 y 30 se identificaban las tendencias más avanzadas del arte contemporáneo con el internacionalismo comunista. Sólo el futurismo fascista italiano pretendió hacer frente a esta idea con otra de la misma factura. Todo este panorama cambió en los años 50 cuando la clase media norteamericana comenzó a demandar arte contemporáneo como un bien de consumo masivo. Los intelectuales europeos del movimiento moderno cambiaron rápidamente la causa revolucionaria internacionalista por el mercantilismo capitalista, donde aún siguen cómodamente aposentados. Por tanto, estos intelectuales del movimiento moderno en ningún momento estuvieron comprometidos con el Frente Popular, sino, en todo caso, con los intereses particulares del Partido Comunista de España, controlado en aquel momento por el tenebroso y sangriento régimen de Stalin. Por tanto, no defendían “la Justicia, la Democracia y la Libertad”, sino, como he dicho anteriormente, “la Tiranía, la Injusticia y la Opresión” soviética. Poco debemos los españoles a estos tristes personajes que han sido homenajeados en nuestro nombre hasta la saciedad. Aprovechándose de nuestra desinformación, debo añadir.

Soviéticos en Extremadura (II). “El Coronelazo” Siqueiros

Cuando Siqueiros regresó a Méjico en 1939 lo comenzaron a llamar “El Coronelazo”. Este apelativo casa poco con el esforzado y valiente intelectual que se enrola en otoño de 1936 como voluntario en las Brigadas Internacionales para defender “la Justicia, la Democracia y la Libertad” en tierras españolas. Tampoco concuerda con el típico intelectual marxista de salón que participó en el Congreso de Escritores Antifascistas organizado en Valencia en 1937. Sin embargo, existen múltiples referencias escritas de su paso por España.

José de Jesús Alfaro Siqueiros, mundialmente conocido por David, ya había sido contactado por el Servicio Exterior Soviético en París, donde se localizaba el centro de concentración de reclutas de las Brigadas Internacionales. Siqueiros llevaba colaborando activamente con ellos desde 1928. En Estados Unidos había tenido relación directa con un agitador profesional de origen italiano que había huido de su país tras la toma del poder por Mussolini en 1921. Se hacía llamar Enea Sormenti. Su carácter camorrista destacaba en Nueva York en los actos del Partido Comunista de los EE.UU. y en los del Socorro Rojo.

Sormenti, también colaborador de la inteligencia soviética, se desplazó a España en cuanto se tuvo conocimiento del alzamiento militar. En Nueva York se decía que Sormenti había acabado con la vida de algunos comunistas latinoamericanos que empezaban a mostrar su disidencia con la línea política que marcaba Stalin desde Moscú. Al llegar a España cambió de identidad. Se hizo llamar Vittorio Vidali. Se incorporó como comisario político en una de las columnas que defendían Madrid y ayudó a formar el V Regimiento del Partido Comunista de España. Con las fuerzas sublevadas a las afueras de Madrid, Vidali se encargó de la organización de las Brigadas Internacionales. La actuación de estas unidades militares fue decisiva para evitar la caída de la capital en noviembre de 1936.

En esta época el escritor comunista Rafael Alberti era el responsable del aparato de prensa y propaganda política del Gobierno del Frente Popular. Siqueiros tenía una gran amistad con Alberti y con su esposa, María Teresa León. Habían tenido relación en Nueva York. Siqueiros incluso había pintado un retrato de María Teresa el año anterior. Por mediación de Alberti, Siqueiros desmanteló su taller de pintura neoyorkino y tenía previsto incorporarse a la Subsecretaría de Prensa y Propaganda Política del Gobierno de Valencia. Dado su perfil intelectual y lo conocido que era en Méjico, Rafael Alberti creyó que la incorporación de Siqueiros sería un buen golpe publicitario, a la par que reforzaría las excelentes relaciones de la República Española con la Mejicana. El pintor era interlocutor directo con el general Lázaro Cárdenas, el segundo proveedor en importancia de armas a la República.

David Alfaro Siqueiros se desplazó a España desde Nueva York en enero de 1937 con un grupo de artistas mejicanos afines al régimen de Cárdenas. La idea era que celebrase una serie de conferencias y exposiciones con el propósito de difundir su ideario estético revolucionario. En Valencia, capital por entonces del Gobierno de la República, Siqueiros contactó con el Director General de Bellas Artes, el joven pintor comunista José Renau, que le preparó una conferencia. Siqueiros la tituló “El Arte como Arma en la Lucha”.

Pero Siqueiros tenía una ligera experiencia militar previa como oficial del Ejército, era un comunista convencido, pertenecía desde hacía años al Movimiento Revolucionario Internacional y lo más importante, dominaba el idioma y su aspecto físico era similar al de los españoles. Siqueiros quedó maravillado con el ambiente revolucionario y la actividad bélica que se estaba desarrollando en España. Ya lo tenía pensado de antes, a pesar de sus 40 años cumplidos, abandonó la actividad pictórica y se alistó como voluntario en las Brigadas Internacionales. Así lo demuestra la carta escrita a su entonces novia, la periodista Angélica Arenal Baltar, el 17 de febrero:

Ya estoy en España y no he llegado tarde. Apenas se inicia la lucha verdadera. Todo el invierno será de guerra dura, y cuando llegue la primavera la pelea deberá tomar proporciones muy superiores a todo lo que ha habido hasta ahora. Yo vine a trabajar en el arte de propaganda, pero el aspecto físico de la lucha es tan terminante que me fue imposible eludir el ingreso a las filas del nuevo régimen… Tengo una alegría inmensa de saber que puedo ser útil en esta inmensa lucha por la libertad de todos los pueblos del mundo… Esto es maravilloso como hecho histórico, como espectáculo y como problema. Ya cerca, se ve la lucha como cosa humana sin el lirismo que le damos desde lejos. Al principio, la enorme cantidad de terribles problemas te angustia, pero después sirven solo para acentuar tu determinación de victoria, y ese es mi actual estado de ánimo: voy a trabajar sin desmayo y no saldré de España sin o hasta la victoria o la VICTORIA. Quiero darle a este triunfo de nuestra causa lo mejor que me queda de vida.

En Valencia la presencia de la guerra no se hacía notar. El frente estaba a cientos de kilómetros de distancia y la vida cotidiana transcurría con la tranquilidad habitual. Sólo el esporádico sonar de las sirenas antiaéreas perturbaba mínimamente el desarrollo de los acontecimientos. Los bares, restaurantes y cafeterías estaban abiertos y despachaban hasta altas horas de la madrugada. El aluvión de refugiados llegados de las zonas ocupadas por el enemigo y por la evacuación de Madrid, Gobierno de la República incluido, unido a la llegada de soldados soviéticos y extranjeros enrolados en las Brigadas Internacionales habían convertido a la tranquila Valencia en una de las ciudades más cosmopolitas de Europa. Aquí tardó poco tiempo en contactar con un viejo camarada neoyorkino, Vittorio Vidali, que se encargaba de toda la gestión logística de las Brigadas Internacionales. La vehemencia de Siqueiros lo convenció para incorporarlo a la lucha. Tenía el visto bueno de los asesores militares soviéticos.

- ¿Soy más útil luchando o pintando?

- Prepárate. Mañana partimos juntos para el frente de Madrid. Vamos al Jarama. Vienes como oficial de mi Estado Mayor. A partir de ahora eres soldado de las Brigadas Internacionales.

- ¡Viva la Revolución! A las barricadas, a las barricadas…

El apoyo de Siqueiros a la causa republicana lo pagamos los españoles a precio de oro. Firmó un contrato de tres meses, renovable, por el que recibiría en el primer mes, en concepto de indemnización para “gastos de instalación y equipo”, un doble sueldo como oficial de alta graduación, además de las correspondientes dietas de retaguardia. En total, más de 4.000 pesetas de la época, el equivalente a unos 6.000 euros actuales.

Una vez Siqueiros firmó el contrato de adhesión el 20 de febrero de 1937, marchó con Vidali al frente de Madrid. Obviamente no se le puso a combatir en las trincheras, donde el fuego de Artillería, Aviación y ametralladoras, junto al asalto de la Infantería marroquí protegida por carros blindados, ponía en grave riesgo la vida de los miles de soldados que combatían en esta batalla.

Siqueiros y Vidali llegaron al puesto de mando del comandante Modesto, que era el general al mando de las operaciones. No obstante, el uso vernáculo de la lengua castellana le permitía a Siqueiros comprender parte del galimatías que en el puesto de mando se vivía. Todavía vestido de civil, se ofreció voluntario para llevar las órdenes de combate a un batallón que corría el riesgo de ser copado. Su exitoso regreso sano y salvo con la anochecida, totalmente mojado y embarrado, fue celebrado en el puesto de mando. El comandante Enrique Líster, también allí presente, ofreció un brindis por el nuevo miliciano. Siqueiros, entusiasmado y aún bajo los efectos excitantes de la secreción de adrenalina por el riesgo corrido, sintió haber rejuvenecido quince años.

Te escribo después de mi primera acción militar. Sólo he podido dormir cinco horas esta tarde. Con el alba, una importante ofensiva de nuestras fuerzas se inició para limpiar de enemigos el sector de la carretera Madrid-Valencia. Estuve toda la noche de servicio con el general de la IV División. Por la mañana ya me había convertido en su oficial de enlace. Siento una inmensa alegría sabiendo que puedo ser útil en esta inmensa lucha por la libertad de los pueblos del mundo. He vivido una espléndida mañana en medio del humo de los cañones y de las bombas de la terrible Aviación que bombardea nuestras columnas en marcha. Todas mis experiencias pasadas se me vinieron juntas a la memoria para ayudarme a cumplir las misiones que se me habían encomendado.

El gobierno mejicano del general Lázaro Cárdenas llevaba enviando armas para la República Española desde el primer momento de la sublevación. Fundamentalmente se enviaban grandes cargamentos de fusiles Máuser y munición de fabricación mejicana, así como todo tipo de armas compradas previamente a las potencias europeas y a los Estados Unidos, que hacían un gran negocio con la guerra española. Se eludía así el Pacto de No Intervención europeo. Por este motivo, había una especial simpatía y gratitud hacia los mejicanos en las filas republicanas. Años después, Siqueiros explicó así la ayuda militar mejicana:

México, en realidad, digo yo ahora, sólo había enviado algunas carabinas máuser, con una dotación de municiones que terminó en los primeros meses de la guerra. Y de hecho, aquello no había significado ningún regalo, ni mucho menos, sino simplemente el pago con especies de los barcos pequeños de motor que se habían construido en astilleros españoles para realizar tareas de cabotaje en los puertos del Golfo. Más aún, creo que en tal trueque México habla resultado bastante favorecido.

Los voluntarios extranjeros que se alistaban para luchar en el bando republicano se agruparon en las Brigadas Internacionales. El problema del idioma se solventó creando unidades de combate con soldados de la misma nacionalidad. Este problema no se tenía con los voluntarios latinoamericanos, que se integraron directamente en las unidades españolas.

Vinieron después largos meses de separación entre los combatientes mexicanos. Cada uno de nosotros fue a cumplir sus deberes militares, donde le fueron señalados: Juan B. Gómez, al mando de la 91 Brigada: su sobrino, el comandante Francisco Gómez, en la unidad correspondiente; Ruperto Garda, con carácter de mayor, en la Brigada mi mando: Pujol, al cuerpo de tanquistas de Madrid; Bernabé Barrios, en muchas partes, porque su bohemia fue proverbial y los conflictos que ésta le produjo. También Sánmel, en la Brigada Internacional de polacos (el único caso de un latinoamericano que no estuvo en las brigadas de españoles, sino en las internacionales), etcétera, y así los ciento treinta y tantos mexicanos que se incorporaron al Ejército Republicano Español, a muchos de los cuales no conocí y no pude saber nada de ellos, sino hasta que se dio informe de su muerte.

Ante la escasez de mandos profesionales en el Ejército Popular de la República, Enrique Líster lo propuso como oficial de alta graduación de su Estado Mayor, disponible para la asignación del mando de una unidad militar. Los asesores militares soviéticos no vieron inconveniente en que uno de los hombres a su servicio asumiera el mando de una de las unidades operativas del Ejército Popular de la República. La Subsecretaría de Guerra le asignó el empleo de comandante aduciendo que tenía el rango de mayor de Infantería en su país de origen.

En estos días de febrero de 1937, Siqueiros llevó el mando de una brigada de tanques soviéticos T-26 en el infructuoso contraataque contra los Cerros de la Marañosa y el vértice Pingarrón, donde las fuerzas marroquíes del II Tabor de Regulares de Ceuta resistieron heroicamente el asalto mecanizado hasta la completa exterminación de la unidad. Por este motivo, la primera compañía de este Tabor mereció la Laureada de San Fernando colectiva, máxima condecoración militar española.

El represor de retaguardia

Tras la batalla del Jarama, a Siqueiros se le asignó el mando provisional de una unidad regular del Ejército Popular de la República de nueva creación, la 82 Brigada Mixta. Tres batallones más servicios. En total, más de 1.500 hombres. La unidad en aquel momento se encontraba en el sector este del frente de Teruel, por aquellas fechas inactivo.

Aunque Siqueiros dijo en sus memorias que la unidad era anarquista, en realidad la 82 Brigada Mixta se formó en marzo de 1937 a base de un batallón del POUM y fue completada con tropas regulares. A las órdenes de David Alfaro Siqueiros, como segundo jefe de Brigada se designó al comandante de Infantería Rafael Blasco Borreguero, como jefe de Estado Mayor al capitán de Infantería Gabriel Rodríguez Cabezas y como comisario a Melecio Álvarez Garrido. Al estallar la guerra, Blasco era capitán del Batallón de Ametralladoras n°3 de Castellón de la Plana y Rodríguez Cabezas teniente en el Regimiento Guadalajara n°10 de Valencia. La Brigada fue encuadrada en la 40 División del XIII Cuerpo de Ejército y situada en el sector de Cedrillas.

Siqueiros seguía encantado con lo que estaba viviendo en España. El 28 de febrero fue nombrado Oficial Jefe responsable de la Educación y la Cultura Popular en el frente de Teruel. Aunque la experiencia militar de Siqueiros se limitaba a haber participado, sin pegar un tiro, como teniente en el Estado Mayor en las guerras carrancistas mejicanas, tan diferentes de la guerra moderna que se estaba desarrollando en España, rápidamente fue ascendido a teniente coronel de Infantería. En otra carta dirigida de nuevo a su novia Angélica fechada en Valencia en abril de 1937 afirmaba:

Triunfaremos muy pronto. Córdoba será nuestra, Sevilla y Cádiz. ¡Ya lo verás! Tengo una enorme confianza.

Mientras la Brigada se formaba y era entrenada, Siqueiros seguía ejerciendo como ayudante de campo de los generales comunistas Líster y Modesto en el Frente de Madrid. En esta labor se distinguió como agente de una extensión de la KGB en España, el tétrico Servicio de Información Militar (SIM).

Como oficial de enlace, entonces, del comandante Líster, a la vez que como miembro del famoso V Regimiento, llegué en una ocasión, aún con el grado de comandante acompañando a un grupo de oficiales soviéticos, al teatro en que se efectuaba uno de aquellos mítines gigantescos de la España Republicana en guerra. Los soviéticos recibieron un aplauso tormentoso. Pero cuando el público supo que entre ellos había un mexicano con grado de comandante y que acababa de luchar en las operaciones de la Marañosa y el Pingarrón, los asistentes al teatro, en forma ensordecedora y durante mucho tiempo, aplaudiendo y haciendo sonar los asientos, dieron una demostración de tremenda simpatía a México. A los camaradas comunistas aquello les pareció inconveniente. “EI pueblo español no puede engañarse pensando en que México ha podido prestar una ayuda más importante y trascendente que la Unión Soviética, porque eso sencillamente es imposible”. Implícitamente se me pidió que no volviera yo a presentarme, y menos aún uniformado, en actos públicos en que podría crearse igual situación. Socialistas y anarquistas se valían indirectamente de la simpatía del pueblo por México, para atacar a la Unión Soviética. Yo, como mexicano comunista estaba obligado a impedirlo, o, en todo caso, a no propiciarlo.

El comandante Siqueiros en la guerra española no ganó ninguna batalla, pero fue especialmente efectivo en la depuración de la disidencia trotskista que se estaban llevando a cabo en la retaguardia. Aplicó con mano de hierro la disciplina en la 82 Brigada Mixta, que recordemos se compuso con un batallón comunista radical del POUM. No dudó en mandar fusilar a sus subordinados acusados de disidencia política trotskista.

Siqueiros recordaba la asistencia a un acto del Partido Comunista Español el 18 de junio de 1937. En su amplio discurso, Dolores Ibárruri llamó a luchar contra los enemigos del Frente Popular: ciertas izquierdas y los trotskistas. Siqueiros, como mejicano, se siente víctima de la animadversión que se tenía hacia el trotskismo, contra el que él luchará intensamente.

Se nos llama a Carlos Contreras (Vittorio Vidali), comisario de Cuerpo de Ejército, ex organizador del famoso V Regimiento; al general Kleber, jefe militar canadiense que tuvo gran significación en la guerra de España; y a mí, entonces con el grado de teniente coronel, jefe de la 82 Brigada en Teruel, para participar en el Pleno del Partido Comunista Español que tuvo lugar en Valencia. Carlos Contreras, Kleber y yo nos sentamos juntos en la sala del Congreso. La Pasionaria pronunciaría el discurso de apertura y su tema tendría que ser, normalmente, el de agradecimiento a los países que habían manifestado su ayuda al pueblo español en guerra contra el fascismo. La presencia de la Pasionaria produjo una manifestación positivamente apoteótica. Después de ello, se inició la intervención, en efecto, comenzó diciendo: “La primera ayuda al pueblo Español en lucha a muerte contra el fascismo la proporcionó, naturalmente, el primer país donde el socialismo ha triunfado: la Unión Soviética”. Puestos de pie, los asistentes volvimos a aplaudir con frenesí tal declaración. ¿Cuál sería el país que seguía en forma natural? Tal era la interrogación que se reflejaba en todos los semblantes. Por eso, en el silencio intermedio de la oradora, todas las caras se volvieron hacia mí, a la vez que todas las manos se colocaban en actitud de preparación para aplaudir, en mi persona, a México. La segunda ayuda en importancia, tanto política, como material, la había proporcionado México, sin duda alguna. Todas las mujeres españolas, tanto en el frente como en la retaguardia, portaban como pulseras y dijes los casquillos vacíos de las balas mexicanas. Los soldados mostraban los máuseres de fabricación mexicana con enorme orgullo. La Pasionaria, suponíamos todos, iba a continuar su discurso, diciendo: “En segundo lugar, México, el país de Lázaro Cárdenas”. Pero la Pasionaria, después de un breve silencio, y pesando bien sus palabras, dijo: “Checoslovaquia”. La impresión general no es fácil de describir. Una tremenda interrogación había en todos los semblantes. Siguió el orden de las ayudas recibidas de los demás países, pero el nombre de México no fue pronunciado en lo más mínimo. A la salida, cuando todos los delegados, en grupos compactos, caminábamos hacia la punta, lo recuerdo perfectamente, la diputada socialista Margarita Nelken, y por ello tradicionalmente contraria al comunismo, a la vez que con cierta actitud celosa frente a la Pasionaria, tomándome del brazo me dijo: “Siqueiros, qué ¡ignominia!” Ya fuera del lugar, delegados socialistas y anarquistas, de diferentes maneras me mostraban algo así como un mudo desagravio: “¡los comunistas, siempre los comunistas! Para ellos no existe más que la Unión Soviética”. Yo, por mi parte, meditaba: “Es justo el resentimiento de los comunistas españoles contra el gobierno de México, en general y en particular contra Lázaro Cárdenas, por haber permitido que Trotski establezca en nuestro país su cuartel general de lucha contra el gobierno soviético presidido por Stalin. Y es indudable que este cuartel general, en la dinámica misma de la política interna, tendrá que convertirse en un aliado potencial inevitable del gobierno de los EE.UU., aunque sus directores no lo vean así; pero la forma de manifestar tal sentimiento me parece inadecuada y en cierto modo hasta torpe”.

Aprovechó esta estancia en Valencia para que le asignasen el mando de otra unidad en un frente activo. El 19 de junio, a propuesta del Ministro de la Guerra, se le asigna el mando de la 46 Brigada Mixta, asentada en el frente de Madrid. Integrada en la 36 División del VII Cuerpo de Ejército, abandonó sus posiciones en la capital para tomar parte en la batalla de Brunete. En la primera fase de la ofensiva actuó en vanguardia, pero, el 12 de julio, fue sacada de la primera línea para pasar a la reserva.

Mientras su Brigada Mixta entraba en combate, Siqueiros se ausentó del puesto de mando para asistir al Congreso de Escritores Antifascistas que se celebró entre el 4 y el 11 de julio. La convocatoria estaba totalmente contextualizada por la guerra: la misma noche de su inauguración, la Aviación Nacional bombardeó Valencia. Algunos de sus participantes llegaron directamente del frente de combate, donde luchaban enrolados en las Brigadas Internacionales (Gustav Regler, Pablo de la Torriente y Ralph Bates). Asistieron, entre otros, por parte francesa, Julien Benda, André Malraux, Paul Nizan, André Chamson y Jean-Richard Bloch; por la URSS, Alexei Tolstoi, Mijail Koltzove, Ilia Eheremburg; por Inglaterra, Stephend Spender y Ralph Bates; por Alemania, Anna Seghers y Gustav Regler; por Chile, Vicente Huidobro y Pablo Neruda; por México, Carlos Pellicer y Octavio Paz; por el Perú, el enfermizo César Vallejo; por Cuba, Nicolás Guillén y Juan Marinello; por los EE.UU., Malcom Cowley, Langton Hughes, Ernest Hemingway y John Dos Passos; por Holanda, Jef Last y el doctor J. Browder... Naturalmente, la delegación española fue la más numerosa: Antonio Machado, José Bergamín, Fernando de los Ríos, Arturo Serrano Plaja, César Mª Arconada, Constancia de la Mora, Rosa Chacel, María Zambrano, Margarita Nelken, Mª Teresa León; Rafael Alberti, Juan Gil-Albert, Corpus Barga, Ramón J. Sender...

El Congreso, organizado por el Ministro comunista Jesús Hernández, será definido por alguien irónico como un “circo ambulante”, ya que se desarrolló en varios sitios. Su primera fase se hizo en Valencia, pero el 6 de julio, en víspera de la batalla del Jarama, los congresistas se trasladaron (no sin peligrosas vicisitudes, como la sufrida por Malraux y Eheremburg, cuyo coche chocó con un camión de obuses y estuvo a punto de saltar por los aires) a Madrid, para regresar el 10 a Valencia de nuevo -con un breve paréntesis en Barcelona, donde tuvo lugar un acto en el Palau de la Música con un concierto de Pau Casals-, para concluir los días 16 y 17 en París.

En un viaje a Valencia, queriendo escuchar el discurso de Jesús Hernández, entonces miembro del Gabinete, me quité el uniforme y concurrí al acto como civil. Pero sucedió que habiéndome descubierto alguien del público, empezaron a oírse gritos de ¡Viva México!... ¡Viva Siqueiros!... ¡Vivan los combatientes mexicanos y latinoamericanos que han venido a luchar por la causa del pueblo español!... ¿Qué hacer para evitar aquello? Escabulléndome, salí corriendo del teatro, sin cumplir el propósito que me había llevado allí. Aquello era absurdo y había que ponerle remedio. Me encaminé directamente al edificio que ocupaba el Comité Central del Partido Comunista Español. Con la mayor vehemencia que me fue posible, condené el procedimiento. ¿Cómo podía impedirse la enorme simpatía del pueblo español por México? ¿La manera de hacerlo era eludiendo el nombre de México y la presencia de mexicanos combatientes en los actos públicos? ¿No era aquél un modo precisamente contraproducente, pues les servía a maravilla a los socialistas y sobre todo a los anarquistas de la FAI (Federación Anarquista Ibérica), que premeditadamente, con toda malicia, estaban utilizando la ayuda mexicana para lanzarla como catapulta contra la Unión Soviética? Lo que se debería hacer era explicarle al pueblo español en armas lo que significaban en realidad ambas ayudas, su verdadera escala, dada la naturaleza política actual de ambos países, en una intensa, campaña nacional, y para ello los propios mexicanos que habíamos ido a luchar a España podríamos proporcionar enormes servicios. Para elogiar la ayuda a la Unión Soviética, no era necesario suprimir la ayuda mexicana.

El Coronelazo en Extremadura

En la primavera de 1937 tuvo lugar la batalla de Pozoblanco, principal victoria del ejército frentepopulista en la guerra, superior incluso a la de Guadalajara. Sin embargo, el jefe del VIII Cuerpo de Ejército Popular, teniente coronel de Artillería Joaquín Pérez Salas, no pertenecía al Partido Comunista de España, al que aborrecía, ni a ningún otro. Este fue el factor determinante para que los medios de propaganda de la República no publicitasen suficientemente la importancia de esta victoria. Debido a las continuas derrotas en los campos de batallas y a su oposición a la ilegalización de los trotskistas del POUM y de los anarquistas de la CNT, impuesta por los comunistas, el gobierno de Francisco Largo Caballero (PSOE) cesó en mayo. El nuevo gobierno del también socialista Juan Negrín, apoyado por el PCE y la nomenclatura soviética, reorganizó los altos mandos del Ejército dejando en manos de comunistas la inmensa mayoría de las fuerzas de choque disponibles. El teniente coronel Pérez Salas fue cesado y le sucedió al mando VIII Cuerpo de Ejército con sede en Pozoblanco el coronel Ricardo Burillo Stholle, jefe de la compañía del cuartel de la Guardia de Asalto de Pontejos en Madrid desde donde se organizó el asesinato del diputado José Calvo Sotelo, último desencadenante del golpe de estado.

En septiembre, después de tener un protagonismo activo en la desmembración del POUM en la retaguardia republicana, Siqueiros se desplazó con su unidad al frente de Extremadura. El coronel Burillo pudo apreciar en él su férrea disciplina y su inquebrantable compromiso comunista. La Brigada de Siqueiros permaneció 8 meses en reserva. Durante aquel tiempo, Siqueiros estableció su puesto de mando en el cómodo balneario de Villar del Pozo, a unos 40 kilómetros al sur de Ciudad Real, de donde se ausentó con frecuencia para cumplir “otras misiones”.

La 46 Brigada Mixta, también conocida como “columna fantasma”, era una unidad militar de origen anarquista valenciano que se había caracterizado por sus fracasos en la ocupación de Mallorca y en el asedio al Monasterio de Guadalupe. La unidad se encontraba ubicada en esos momentos relativamente cerca del hogar de la Patrona de Méjico y de Extremadura.

Mientras tanto, las fuerzas del Ejército Republicano Español, algunas de ellas al mando de mexicanos (la Brigada a mi mando, entonces la 46, se encontraba en el Puente de Guadalupe), combatían denodadamente en el frente. Mi brigada, en la parte más honda de Extremadura, ya casi en los límites de Cáceres.

Además de Siqueiros, en la 46 Brigada Mixta, también se integraron otros voluntarios latinoamericanos con rango de oficial. El comunista cubano Leopoldo Lanier Sobrado fue nombrado como teniente en esta unidad regular española del Ejército Popular de la República. Estos latinoamericanos no combatieron en las Brigadas Internacionales, por lo que su actuación nunca ha sido contabilizada como intervención extranjera en la guerra.

Por el Ministerio de la Guerra fui nombrado Primer Teniente y ubicado en la 46 Brigada Mixta del Ejército Republicano, que tenía como jefe al pintor muralista mexicano, teniente coronel David Alfaro Siqueiros. Salí de Valencia en automóvil con rumbo a Ciudad Real para incorporarme a mi Brigada, acompañado de los capitanes chilenos Manuel de la Cerda Muñoz y Rafael Cansino Labra. Ya incorporado a la Brigada en Ciudad Real, conocí al personal de mi compañía, que tenía como capitán a un valiente compañero de apellido Romero, que había sido oficial de la Guardia Civil. Su Comisario Político lo era el camarada Tobías Galiana, que había sido Alcalde de Gandía. La Brigada pasó de Ciudad Real a las montañas de Caballón, en las cercanías de Fuente Obejuna.

Para preparar el sitio de Teruel, se había dispuesto una maniobra de distracción a cientos de kilómetros de distancia, en Extremadura, donde se esperaba concentrar las tropas del Ejército Nacional del Sur. Allí coincidió con un paisano. El también comunista mejicano Juan Bautista Gómez Ortiz, que mandaba la 86 Brigada Mixta en el Frente de Extremadura. Según los españoles, este militar iba vestido como un “húsar austriaco”. A Siqueiros, artista plástico, le gustó la indumentaria y decidió imitarlo.

Siqueiros se encontró con la agradable sorpresa de que uno de los tres batallones que componían la 86 Brigada Mixta (española) era el 20 Batallón Internacional. Esta última unidad disponía de un efectivo de 510 hombres encuadrados en cuatro compañías; la de ametralladoras con alemanes y austriacos; la primera con franceses; la segunda angloamericana, con una sección británica y una sección americana, tenía una tercera sección latina (cubanos, mejicanos y portorriqueños; 50 hombres).

En uno de los pasajes de sus memorias, Siqueiros rememora cómo él y Juan B. Gómez ejecutan a un joven trotskista español acusado de hacer propaganda derrotista entre las tropas. Juan B. Gómez le pide que lo acompañe en la ejecución, a lo que Siqueiros lo hace sin pena. Poco después Gómez le pide utilizar su coche para trasladar al sentenciado a un lugar apartado donde ajusticiarlo. El pintor accedió y juntos se dirigieron a un lugar apartado de la carretera de Valsequillo a Granja de Torrehermosa. En un momento dado, pararon el coche e hicieron bajar al soldado. Acto seguido, Gómez le descerrajó un tiro. La víctima se desplomó junto al coche. Al ver que seguía con vida, Siqueiros lo remató en el suelo con un disparo en la cabeza.

La disciplina era para Siqueiros un principio elemental. La disciplina, la jerarquía, el orden son conceptos que rigen la vida del comunista comprometido. La disposición de Siqueiros para aceptar tareas, cumplir órdenes y recibir misiones parece estar ligada a una capacidad de olvidarse de las personas para colocar en primer plano los principios y la política comunista. Por la ejecución de aquel español, Juan B. Gómez y Siqueiros fueron llamados a declarar ante los jueces militares del Tribunal Permanente del VII Cuerpo de Ejército, con base en Castuera. Sólo fueron amonestados. Sin embargo, Siqueiros en sus memorias llegó a decir que estos jueces “¡simpatizaban en secreto con el fascismo!”.

El Coronelazo se encontraba en su puesto de mando cuando llevaron a su presencia a un soldado de su brigada, un campesino ignorante de las últimas quintas. El muchacho había desertado intentando pasarse a las posiciones nacionales, pero perdió el rumbo en la oscuridad y se presentó de nuevo en las trincheras republicanas, creyendo que había llegado a las contrarias. Siqueiros, repitiendo una actuación que había llevado a cabo con un coronel enemigo en la guerra civil mejicana, siguió haciendo creer al joven recluta que se encontraba en las filas nacionales y le comenzó a preguntar sobre posiciones, armamento y efectivos de los republicanos, a lo que el muchacho respondía como mejor sabía. En un momento dado, el Coronelazo le preguntó si los republicanos llevaban los mismos uniformes que ellos. El chico contestó que sí, pero al ver la indumentaria de Siqueiros, que vestía un uniforme norteamericano que había comprado en Nueva York, aclaró que el que llevaba el pintor era distinto. Lo mandó fusilar.

A pesar de sus labores de inteligencia militar, el “Pintorazo” o “Coronelazo”, que era como le llamaron después en Méjico, pasaba difícilmente desapercibido. Siqueiros destacó por su personalidad arrolladora, por sus astracanadas y por la ostentación de cada acción o proyecto que llevaba a cabo. Sus iniciativas, su entusiasmo, su vanidad y su afán de protagonismo le dieron a Siqueiros un colorido especial en medio del paisaje gris de la guerra. También sus contradicciones. Según el testimonio de la que fue mujer de Octavio Paz, Elena Garro, en “Memorias de España”, en 1937 nadie vestía como él, ni hablaba como él, ni se comportaba como él. Describe al pintor y militar a su encuentro con otros intelectuales mejicanos, subrayando su histrionismo y grandilocuencia:

Se escucharon pasos recios, voces y un revuelo inusitado. Un personaje con botas federicas y amplia capa entró al cuarto, se detuvo bajo el dintel de la puerta, abrió los ojos con asombro, luego los brazos y exclamó “¡Pero qué sorpresa, hermanos!... ¡Qué gran sorpresa!”… El cabello ensortijado y los ojos azules echando chispas a la luz de la vela, el personaje parecía encantado de ver a sus amigos y de mostrarse en aquel atuendo tan elegante.

Los intelectuales comunistas mejicanos se desplazaron a Pozoblanco a avisar a Siqueiros de la inminente llegada de su novia, Angélica Arenal Baltar. Se había corrido el rumor de que el pintor se había emparejado con una bella andaluza y la imprevista llegada de Angélica le podía suponer un grave contratiempo. Gracias a esta oportuna visita, Siqueiros tuvo tiempo suficiente para arreglar su situación sentimental y recibir convenientemente a su novia mejicana.

Una visita imprevista

Siqueiros en sus cartas a Angélica le expresaba el grave riesgo que corría en la guerra y el temor que sentía por su vida. Alarmada, ella empezó a pensar que quizás no lo volviera a ver. Se las arregló para conseguir un visado para viajar a España como corresponsal de guerra del diario El Nacional. Además, como miembro de confianza del Partido Comunista Mejicano que era, se le encargó que llevara a Madrid una valija diplomática.

Angélica Arenal Baltar embarcó en Nueva York junto a un grupo de jóvenes norteamericanos que venían a incorporarse como milicianos internacionales en el Batallón Lincoln. Al llegar a Valencia, entregó la documentación a Juan Negrín y empezó a gestionar la obtención de un salvoconducto para desplazarse al frente. Tardó varios meses en conseguirlo. Ya en esa época, la permanencia de mujeres en el frente se veía más como una fuente de problemas de disciplina que como una ayuda en la lucha. Mientras tanto, trabajó como redactora para el periódico local “Prensa Roja”.

Seguramente llegaron a sus oídos los rumores sobre infidelidades de su novio. En una visita como corresponsal de su periódico a Córdoba en septiembre de 1937, consiguió que la acercaran a Pozoblanco, donde se ubicaba el cuartel general del Ejército en el que servía Siqueiros, pero éste se encontraba con la 46 Brigada Mixta entre Alía y Castilblanco, en la divisoria de las provincias de Toledo, Córdoba y Badajoz, a bastantes kilómetros de distancia. El Estado Mayor del coronel Pérez Salas le preparó un caballo y acompañada de un teniente partió en busca del Coronelazo. Cuando se encontraron, la primera reacción de éste fue abroncar rudamente a los soldados en presencia de Angélica por permitir que una mujer llegara al frente. Ella, herida en su orgullo, se montó en un vehículo y dando un fuerte portazo pidió al conductor que la llevaran inmediatamente a la estación de tren más cercana.

El Coronelazo, como un novio despechado, la siguió hasta Valencia. Después de rogarle encarecidamente su perdón, contrajeron matrimonio a los pocos días. Ofició la ceremonia civil el comandante Enrique Líster. Cuando volvieron a separarse, el Coronelazo volvió al frente de Extremadura con su unidad militar. Angélica consiguió un salvoconducto de Vittorio Vidali para poder visitar como corresponsal de guerra de El Nacional los frentes de combate. Ella se quedó en Pozoblanco, desde donde redactaba artículos para su periódico, ayudaba en la edición de los periódicos de las milicias e incluso llegó a acompañar a los guerrilleros de “Los Niños de la Noche” en sus incursiones tras las líneas nacionales.

Pasaporte diplomático

En noviembre llegaron malas noticias. La madre de Angélica había enfermado gravemente y el padre de Siqueiros acababa de fallecer. Era necesario regresar a Méjico. Siqueiros aprovechó el viaje para conminar a Lázaro Cárdenas a que retirase el asilo que dispensaba a Trotski en México D.F. Antes, se pasó por Barcelona, donde recogió de Indalecio Prieto, Ministro de la Guerra español, otra valija diplomática. El Gobierno de la República le pedía a Cárdenas la adquisición de un considerable volumen de material bélico a los Estados Unidos para revendérselas a la España republicana. Siqueiros volvió solo a España con el cargamento de miras telescópicas para Artillería y Aviación que había adquirido Lázaro Cárdenas.

Angélica por su parte había reunido una serie de materiales que se llevó a Méjico para publicar un libro, “Suicidio en la Guerra Civil”, pero todo el material guardado en un baúl dentro del sótano de la madre de Angélica se inundó y se arruinó casi por completo. No obstante, Siqueiros recuperó en varios episodios de sus memorias “Me llamaban el Coronelazo” sus vivencias en la guerra española, aunque de un modo desordenado y un tanto fabulado. El 2 de diciembre, camino de España, desde París, escribe:

Estos rápidos viajes me están dando un sentido de la escala y del orden de las cosas totalmente nuevo; el paisaje de mi propio país y de todo el mundo me parece ahora totalmente distinto.

Tras llegar a Valencia y entregar el valioso cargamento, Siqueiros disfrutó de varios días de ocio. José Renau, Director General de Bellas Artes, recuerda una cena en La Malvarrosa junto a Siqueiros y Hemingway que, generosamente regado con whisky escocés, se extendió durante siete horas. El tema de conversación fue el fenómeno anarquista en España.

El Ejército Popular de la República se valió del pasaporte diplomático mejicano de Siqueiros. Poco tiempo después lo enviaron a Roma a localizar un ejemplar de una revista militar italiana retirada de circulación, que contenía informaciones sobre el desplazamiento de las tropas italianas en el territorio español. Siqueiros buscó sin éxito la ayuda del poeta mejicano Manuel Maples Arce, entonces diplomático. Después de deambular por Roma y de colarse en una cena entre pintores y militares fascistas, después que le revisaron su equipaje en el hotel, con lo cual se quedó casi seguro de que lo iban a arrestar, Siqueiros encontró la revista que buscaba en una trattoria de barrio a donde fue a parar por pura casualidad. Con su objetivo en las manos, el oficial republicano recorrerá todo el largo camino de vuelta, todavía agitado, buscando espías en cada mirada que recibía en cada parada del tren, para finalmente cumplir su misión y entregar la revista a los enlaces del siniestro Servicio de Inteligencia Militar en París.

Justicia, Democracia y Libertad

De todo lo que hemos leído anteriormente se pueden sacar varias conclusiones. Aparte del tema de la identificación de los artistas del Movimiento Moderno con el Frente Popular, es significativa la constatación de la guerra civil interna que se vivió en el mismo Frente Popular. Comunistas y socialistas trataron de imponer el modelo de partido único de inspiración soviética. Represaliaron violentamente a sus aliados radicales y anarquistas. Nadie les ha juzgado por estos crímenes contra españoles cometidos en España. Ningún juez Garzón ha exigido justicia por sus víctimas ni ninguna Asociación ha reclamado su Memoria. Esta parcialidad pone a las claras el interés político de los movimientos de recuperación de la Memoria Histórica y del citado juez. Son instrumentos para hacer política de la versión actualizada de los socialistas y comunistas de 1937. Por desgracia, toda esta gente no ha luchado por la Justicia.

Otro aspecto que se trata es la infiltración soviética en la Administración y en el Ejército de la República. De esta forma, en vez de servir a los intereses del Gobierno legítimo de España, estos personajes obedecían órdenes directas de una potencia extranjera en connivencia de la clase política republicana española, todo hay que decirlo. Así, los políticos del Frente Popular traicionaron al pueblo que les había dado su representación en las urnas perdiendo la discutible la muy discutible legitimidad que tenían. Convirtieron a la República Española, sin consulta democrática de por medio, en un estado títere de la Unión Soviética. No lucharon por la Democracia.

Destaca el suministro de armas internacional a la República. Hombres y materiales de distintas procedencias llegaron a los puertos republicanos españoles ignorando el bloqueo que habían decretado las potencias europeas en los Acuerdos de No Intervención. Los fabricantes de armamento de estas naciones encontraron en la guerra fratricida española un negocio lucrativo que era preciso no desaprovechar, a costa de la desgracia del sufrido pueblo español, que pagó un elevado tributo económico y de sangre por este suministro. Pero no culpabilicemos a terceros. La culpa fue de la corrupción de nuestros dirigentes políticos, que en su afán por mangonear, figurar y robar, traicionaron al pueblo español. Desencadenaron y prolongaron innecesariamente un enfrentamiento que se debería haber resuelto en unas pocas semanas con pocas bajas.

Finalmente, destaca la intervención de los Estados Unidos Mexicanos, uno de los grandes beneficiarios de la guerra. Lo fue por partida doble. Una vez terminada la guerra, Méjico acogió a un grupo seleccionado de refugiados españoles republicanos que proporcionaron una importante inyección económica y aportaron la formación profesional y el “know how” adquirido en España, y que entonces demandaba la pujante economía mejicana. El impulso duró poco tiempo. Los republicanos españoles no llegaron a integrarse completamente en la mestiza sociedad mejicana y vivieron obsesionados con el recuerdo de la guerra que el Gobierno del Frente Popular nunca llegó a declarar. Incluso se negaron a reconocer al Estado resultante de la resolución del conflicto, negándose a reintegrar el Patrimonio Nacional que pertenecía a todos los españoles. Los dirigentes lo utilizaron en beneficio propio, manteniendo el tren de vida de lujo a que estaban acostumbrados en su forzado exilio mejicano. Embarcaron en una guerra atroz a millones de españoles de a pie, que ingenuamente creyeron en su discurso de igualitarismo y progreso social con el fin de mantener sus privilegios personales. No lucharon por la Libertad.

F.B.S.